El presidente del PNV, Andoni Ortuzar señala la ikurriña que reposó sobre los féretros de Sabido Arana, primero y Juan de Ajuriaguerra, después.FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

Primero gestión y soluciones a las crisis sanitaria, social y económica generadas por la pandemia y después, con el Estatuto de Gernika completo, a por un nuevo marco estatutario. Esa es la hoja de ruta que se ha marcado el presidente del PNV, Andoni Ortuzar para los próximos años. “Tenemos un autogobierno que nos da las soluciones para hacerlo posible”, ha dicho el Ortuzar ante los miembros de la Asamblea Nacional del PNV en una jornada emblemática para el nacionalismo, el Aberri Eguna, el Día de la Patria vasca. Una celebración que por segundo año consecutivo se celebra a puerta cerrada en la que Ortuzar ha ofrecido esperanza y compromiso frente a una izquierda abertzale a la que ha criticado con dureza por querer “socializar la frustración” después de años “socializando el sufrimiento”.

Las únicas críticas han sido para EH Bildu, aunque sin citar a la formación que dirige Arnaldo Otegi, pese a que el PNV y el PSOE se encuentran en un proceso de negociaciones para culminar el Estatuto, que se está retrasando. La transferencia de prisiones que tenían que haberse materializado para finales del pasado año, y después para este mes de marzo, sigue sin tener fecha, aunque ambas partes dan por hecho que la convocatoria de la Comisión Mixta de Transferencias es inminente, una vez cerrados tanto el acuerdo funcional como el económico. Tampoco ha habido alusiones a la convulsa situación política de la Comunidad de Madrid, inmersa en una larga campaña electoral que ha afectado al Gobierno central, de coalición entre PSOE y Unidas Podemos. Menos todavía se ha referido al bloqueo entre partidos independentistas para la constitución del Gobierno de Cataluña.

Pero para los de Otegi ha habido varias alusiones. “Los auténticos abertzales” les ha dicho, tienen que contribuir a llenar la botella y aportar luz donde ahora hay tinieblas y dejar aparcados los dimes y diretes políticos para abordar la fenomenal tarea que hay por delante: “construir la Euskadi post-Covid”.

Pero construirla con las personas el centro de la ecuación, resolviendo sus problemas y devolviendo a Euskadi a la situación que tenía antes de la crisis, ha subrayado. “El PNV es un partido abertzale, que cree que la construcción nacional se hace con pasos medidos pero firmes hacia la casa común de los vascos, hacia el logro de poder decidir aquí nuestro presente y nuestro futuro”, ha añadido Ortuzar.

Abanderado de la bilateralidad, el PNV está dispuesto a retomar las negociaciones domésticas para actualizar el Estatuto de Gernika, aunque solo lo va a hacer después de completar el Estatuto actual con todas las competencias pendientes. La administración central y vasca tienen pactado un cronograma de transferencias, incluida la más complicada de la gestión de la Seguridad Social, que debería intentar cerrarse a lo largo de esta legislatura.

La izquierda abertzale acusa al PNV de haber guardado en un cajón las bases que pactaron de forma conjunta para el futuro Estatuto. La ponencia de autogobierno del Parlamento vasco, en la que se discutió ese texto, acabó por separar al PNV y a EH Bildu; y aproximar al PSE, Elkarrekin Podemos y al PNV, dando al borrador un carácter más social. Con todo, la reforma está guardada en un cajón y la ponencia no se ha vuelto a reunir desde hace más de un año.

Frente a los principales cargos institucionales e internos del partido, incluido el lehendakari, Íñigo Urkullu, Ortuzar sí ha asegurado que en su opinión la respuesta más eficaz a las necesidades de los vascos vendrá de la mano de “mayor autogobierno, de mayor soberanía, y de poder decidir aquí sobre los problemas y los proyectos de aquí”.

La intervención de Ortuzar ha comenzado con el izado de la ikurriña en el interior del Palacio Euskaduna. Ha sido un minuto antes de descubrir otra más pequeña que reposaba en un atril y a la que ha atribuido el poder de la constancia y el símbolo de la esperanza. “Reposó en 1903 sobre el féretro de Sabino Arana, y reapareció en 1978 en el funeral de Juan de Ajuriaguerra”, fundador y presidente del PNV en el exilio. “Simboliza que no hay situación difícil de la que no se pueda salir”, ha asegurado, aludiendo a que en las épocas de ambos dirigentes también hubo amenazas populistas, autoritarias, pero siempre con una prioridad, la de colocar a la persona en el eje de la democracia y del humanismo “para construir la nación vasca”.

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