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Aemet: Avisos meteorológicos más contuntendes y más claros | España

¿Cómo es posible que cientos de ciudadanos se quedaran atrapados en sus coches a causa de Filomena si la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) alertó ocho días antes y las predicciones fueron certeras? El descomunal manto de nieve destapó las disrupciones de un sistema que hace aguas y planteó la pregunta de cómo alertar mejor de un peligro meteorológico, máxime cuando el cambio climático apunta a una mayor frecuencia y dureza de los episodios extremos. Consciente de la necesidad de mejora, Aemet prepara una reforma en sus avisos, que ha adelantado a este periódico.

Ante una emergencia meteorológica, en España hay tres actores principales: Aemet, Protección Civil y Sanidad. La primera maneja el Plan Nacional de Predicción de Meteorología Adversa (Meteoalerta), un semáforo de cuatro avisos por colores, mientras que la respuesta es competencia de las Protecciones Civiles autonómicas, cada una con sus protocolos y alertas distintos por nombres, colores, o numéricos. Además, Sanidad emite alertas por calor, con cuatro niveles según su impacto en la salud. El resultado un galimatías para el ciudadano y para los medios de comunicación, que se pierden en las nomenclaturas dispares, en los detalles técnicos y en el ruido que generan tal multitud de voces.

El a B C de la comunicación de crisis dicta justamente lo contrario, como resume Natalia Sara, directora de la consultora Señor Lobo & Friends: un “único emisor con mensajes claros, sencillos y contundentes”. “Cuando hay varias voces y no coincide lo que dicen, la población duda. Hay que unificar el mensaje, centralizarlo y usar los canales adecuados para la sociedad del móvil y las redes”, subraya Sara.

De momento, este horizonte ni se contempla, pero uno de los pilares de la maraña, Meteorología, asume que hay un problema de comunicación con la ciudadanía y las autoridades. “Con Filomena lo hemos visto claramente, la predicción fue perfecta, pero el mensaje no llegó, no se creyó y no se activaron determinados protocolos”, admite Jesús Montero, director de Producción e Infraestructuras de Aemet. Por eso, la agencia ha iniciado un camino de reformas que llevará de los avisos por umbrales, que se disparan cuando se alcanzan determinadas cotas, a los avisos por impactos, es decir, a las consecuencias tendrá para los ciudadanos, que es el modelo que emplea EE UU ante los huracanes y los tornados. “Hay un amplio consenso en la Organización Meteorológica Mundial de que hablando de impactos se entiende mejor y se asimila más el riesgo”, explica Montero.

Este tránsito se llevará a cabo dentro de “una profunda reedición de Meteoalerta, que incluye la revisión de umbrales y las zonas”. También se van a cambiar las instrucciones asociadas a los avisos, que ahora son las mismas para todos los fenómenos y que “serán específicas según el nivel y el tipo”. Además, Aemet va a crear un nuevo aviso, el 14º, que se sumará a los de lluvia, nieve, vientos… “Es el de calima o material particulado, será el primero orientado a impactos, tendrá los cuatro niveles y lo pondremos en marcha a finales de la primavera”, detalla Montero. En realidad, ya existe, pero muy limitado: solo se activa en Canarias, solo hay amarillo y no contempla el empeoramiento en la calidad del aire, sino que está dirigido al tráfico y a la aeronáutica, ya que se activa cuando la visibilidad se reduce a menos de tres kilómetros.

“Se ha quedado corto”, admite Montero, para recordar que los modelos de predicción numérica ya permiten determinar las intrusiones de polvo y su concentración, como hace el Barcelona Dust Forecast Center. Pero lo más interesante es el cambio de paradigma: “Sus umbrales es instrucciones no son meteorológicas, sino que los ha fijado según su impacto en la salud Sanidad y el Instituto de Salud Carlos II (ISCIII)”.

La tercera novedad afecta al calor, fenómeno en el que Aemet se propone acabar con la disparidad entre Meteorología y Sanidad. “Vamos a integrar los dos sistemas. Seguiremos ofreciendo los avisos por colores, pero adoptaremos los umbrales de Sanidad en cuanto a calor y a ola de calor y enlazaremos nuestras webs antes del verano. Además, antes de que acabe el año, los avisos contendrán información sobre las consecuencias en la mortandad”, avanza Montero. “Las temperaturas extremas afectan esencialmente a la salud y no puede ser que lancemos mensajes distintos”, reconoce el directivo. Lo mismo se hará después a otros fenómenos, empezando por el frío y la ola de frío. “Estamos en una fase de transición. La orientación a impactos será progresiva”, resume Montero, que calcula en “un par de años” el final del proceso. En una cuarta fase, se implementarán Advertencia temprana o avisos tempranos con más de 72 horas de antelación.

Pero estos retoques en la buena dirección no son la reforma de arriba a abajo que reclaman expertos de todos los campos implicados y tampoco se producirán lo rápido que les gustaría. “Es hora de revisar Meteoalerta a fondo, hay que hacer una reflexión profunda de su filosofía”, reclama Ángel Rivera, antiguo portavoz de Aemet y uno de los padres del plan. “Los métodos y la fiabilidad de las predicciones han avanzado mucho”, recalca Rivera, que pide que los avisos incluyan la probabilidad de que ocurra el fenómeno y su impacto “porque a los ciudadanos les es indiferente que vayan a caer 20 o 30 litros, lo que quieren saber es si pueden salir de casa o no”. Lo ideal sería recibir en el móvil “un mensaje de qué va a pasar, cómo les puede afectar y qué pueden hacer para anticiparse y protegerse”. Algo de esto ya hay: Meteoalerta incorporó en 2018 canales RSS y Atom ―entre ellos, de avisos―, mientras que la aplicación permite suscribirse a fenómenos y recibir notificaciones cuando se alcance el nivel de riesgo que elija y con una antelación que va desde 30 minutos a 24 horas.

“El sistema está obsoleto, tiene poco sentido y no se arregla creando un aviso más. Se debería basar 100% en la comunicación del riesgo, sus posibles consecuencias y las acciones para paliarlo, y que haya un solo interlocutor”, reclama el meteorólogo Daniel Santos Muñoz, que usa una analogía sanitaria para explicar los fallos de la cadena. “Es como ir al médico y que te pida una analítica. La analítica, es decir, los avisos, marcan un asterisco en un valor anómalo. Pero el médico no te explica qué tienes de forma comprensible ni el tratamiento. Para colmo es de medicina general y te deriva al especialista, Protección Civil, que a su vez no te explica por qué te da cierta medicina y su relación con la analítica”.

El investigador Julio Díaz Jiménez, del ISCIII, reclama “planes integrados”, ya que cuando se produce, por ejemplo, una incursión de polvo “suben las temperaturas, empeora la calidad del aire, aumentan los incendios y las sequías son más severas y todo ello hace que aumente la mortandad, empeoren los problemas respiratorios y cardiovasculares y haya un aumento de la prematuridad y del bajo peso al nacer”. Para Díaz, “la educación ambiental es la clave”.

Rafael Gálvez, experto en Protección Civil y presidente de VOST España, un grupo de voluntarios digitales creado en 2011 para difundir información veraz sobre emergencias y desmentir bulos, opina que “el problema de base está en la idiosincracia de los españoles: no existe conciencia del peligro, no somos proactivos ante los riesgos y no hay cultura preventiva”. El resultado es que los ciudadanos “no se creen los avisos, ni tampoco las empresas ni las administraciones”, por eso se ignoraron las advertencias con Filomena. La vía para cambiar esta mentalidad colectiva es “la educación en salvamento y primeros auxilios”. “Necesitamos crear una sociedad resiliente, como son las anglosajonas”, apunta Gálvez.

En este país en el que la palabra de moda es libertad, la profesora de la Universidad madrileña Carlos III Mercedes Pardo Buendía, especializada en Sociología del Medio Ambiente y del Cambio Climático, recuerda que “el ser humano se mete en un coche y se cree Dios”, por lo que aboga porque se prohíba “absolutamente” circular por vías que no van a poder soportar un determinado volumen de nieve. Pero a la hora de poner límites, la última palabra es política.

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