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Banco Central Europeo: los operadores están sobrecargados | posición

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, en una conferencia de prensa en Frankfurt el año pasado.Kepfaffenbach / Reuters

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Los desarrolladores de computadoras están muy familiarizados con este término. Sobrecarga significa que una función está programada para efectuar varias tareas dependiendo de las entradas. Por ejemplo, si ingresa un número, la función puede devolver componentes primos. No obstante, si la entrada es una palabra, se dan la raíz, el prefijo y el sufijo.

La sobrecarga no funciona políticamente. En este mundo, se debe utilizar un instrumento para lograr objetivos como la política monetaria para supervisar la inflación, la política fiscal para suavizar las oscilaciones económicas y la política estructural para acrecentar la productividad. De todos modos, singularmente en nuestra realidad, no es tan fácil. Desde la crisis financiera, los bancos centrales aprendieron que precisan mucho más de una herramienta para estabilizar las expectativas de inflación. El Banco Central Europeo usa una combinación de géneros de interés, políticas de liquidez, compras de activos y anticipaciones políticas para conseguir este propósito. Liberarse ileso de la pandemia es ya una tarea difícil. Agregar otro es una sobrecarga.

El cambio climático es probablemente el desafío predecible más esencial que encara el planeta en este siglo. El Banco Central Europeo también se lo toma seriamente. Debería ser. Pero lo alarmante es que su plan de protección del clima tiende a ser bastante activo, lo que en algún momento distraerá a la gente de la labor principal.

El plan tiene dos categorías, una es absolutamente legal y la otra es lo que yo llamo congestión. La responsabilidad fundamental del Banco Central Europeo es abordar los riesgos del cambio climático. El cambio climático tiene la posibilidad de tener efectos complejos sobre los niveles de precios y la estabilidad financiera. Cuando un banco está expuesto a los peligros del cambio climático, el banco central debe sopesar esto esmeradamente. Esta es la primordial compromiso del Banco Central Europeo. No es requisito que se integre en una categoría separada. Hoy en día existen muchos causantes estructurales que plantean peligros: epidemias, cambios en la cadena de suministro, criptomonedas y cambio climático.

No obstante, el plan de acción del BCE va más allá: sugerir incentivos a compañías y también inversores para eludir altas emisiones de carbono, supervisar la huella de carbono de los bancos y fomentar creaciones en finanzas sostenibles. Todo esto es deseable, pero implica tareas de carácter político.

Los gobernadores de los bancos centrales con frecuencia olvidan que son independientes simplemente pues la sociedad está de acuerdo en que el propósito de la política monetaria ha de ser la estabilidad de precios. Cuando está abrumado por los objetivos políticos, no importa cuán sabios piense que son esos objetivos, todos están comprometidos en la política. No es de extrañar que la multitud cuestione la independencia de los bancos.

Este año Christine Lagarde (Christine Lagarde) dio siete alegatos aparte de las apariciones regulares. Tres de ellos están dedicados al cambio climático. Naturalmente, el Banco Central Europeo y su presidente ya han iniciado un viaje.

Sin embargo, la contradicción no es de naturaleza jurídica. Lagarde es letrada de formación. Sabe lo que hace. Invocó el orden secundario del banco para defender su plan de acción para batallar el cambio climático. Esto significa que el Banco Central Europeo debe apoyar la política de la UE siempre y cuando no se enfrente al abandono de la seguridad de precios.

No dudo de la legitimidad de los fondos aprobados por el Banco Central Europeo, sino más bien de su buen juicio. Tomemos el ejemplo de la adquisición de activos para ilustrar lo que puede salir mal con un plan de doble propósito. La propuesta básica de la flexibilización cuantitativa es reducir las tasas de interés a largo plazo a través de la adquisición de valores a largo plazo. La flexibilización cuantitativa es una herramienta de política monetaria de manera perfecta eficiente. No obstante, como cualquier instrumento musical, asimismo se puede usar incorrectamente. Por poner un ejemplo, se pueden comprar activos para monetizar la deuda pública. También se puede utilizar para motivar a los transmisores a ser ecológicos. Siempre y en todo momento he sido un defensor de la QE y la compra pandémica por causas rigurosamente monetarias, pero no me gusta la iniciativa de que el enfoque principal por el momento no sea un plan para obtener dinero.

Mi objeción no es legal ni ética, sino más bien práctica. La sobrecarga del operador es propensa a fallos. Y es muy diferente a la programación de computadoras: en el momento en que el banco central está sobrecargado, la resolución de inconvenientes se vuelve mucho más difícil.

Wolfgang Múnich es un director www.eurointelligence.com.

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