Rafael Tabarés, comisionado valenciano de Salud Mental, en el vestíbulo de la Facultad de Medicina de Valencia, el pasado 14 de abril.Mónica Torres

La salud mental es “la hermana pobre” de la sanidad. No llega ni al 2% del gasto sanitario global, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), recuerda Rafael Tabarés Seisdedos, catedrático de Psiquiatría de la Universitat de València. Sin embargo, las depresiones, los trastornos de estrés postraumático, la ansiedad, las adicciones y las conductas suicidas se han disparado con el estallido de la pandemia y persiste el temor de que lo peor está por llegar como consecuencia de la crisis económica. Para combatir estos estragos causados por la covid-19, la Generalitat nombró a Tabarés la pasada semana comisionado para la Salud Mental de la Presidencia del Gobierno valenciano.

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El principal objetivo del nuevo cometido de este psiquiatra, nacido hace 56 años en Bilbao y residente en Sagunto desde los 13, es “introducir los problemas mentales en la agenda política, situarlos como objetivo prioritario y proponer una serie de actuaciones”. La situación es tremenda. “Hay un incremento general del 20% de los problemas psiquiátricos durante la pandemia en una sociedad, además, en la que las enfermedades mentales graves, por una parte, son ocultadas y estigmatizadas y, por otra, se banalizan hasta convertir cualquier conflicto en la vida en una patología, lo que justifica la sobremedicación”, explica. Se trata del primer cargo político de esta índole nombrado en España para responder a los efectos de la pandemia.

Tabarés contará con una estructura mínima con apoyo de Presidencia pero sin dotación presupuestaria específica. “Pretendemos presentar un plan transversal de salud mental, firmar un convenio con la Universitat de València para realizar un análisis profundo del impacto de la covid y poner en marcha un programa proactivo de seguimiento de los enfermos por grupos de edad, los mayores de 70 y los más jóvenes, con la perspectiva de intentar la convergencia entre educación y sanidad”, explica.

Su nombramiento se produce después de la polémica generada cuando el líder de Más Madrid, Íñigo Errejón, habló de la problemática en el Congreso de Diputados y fue ridiculizado desde su escaño por Carmelo Romero, del PP. “Fue una torpeza por la que el diputado popular pidió disculpas y hay que aceptarlas, porque lo importante es ponerse a trabajar sobre una materia muy compleja. Se visibilizó el problema en el Congreso, pero ya hace un tiempo que los trastornos de salud mental son evidentes no solo entre los profesionales. El presidente valenciano, Ximo Puig, lo planteó en una de las primeras reuniones de presidentes autonómicos con Pedro Sánchez”, señala Tabarés.

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El psiquiatra pone como ejemplo a Nueva Zelanda, con una población de cinco millones de habitantes, similar a la valenciana. Allí, su primera ministra, Jacinta Ardern, ha diseñado unos presupuestos fundamentados en cinco prioridades de bienestar, “tan importantes como el PIB”, entre las que se incluye la protección de la salud mental, además de combatir la brecha digital y la desigualdad social y racial y avanzar hacia la descarbonización. Recuerda también que el Reino Unido o Noruega han logrado disminuir el uso de antidepresivos con programas de apoyo psicoterapéutico y atención psicológica.

El problema es múltiple, pero Tabarés se muestra especialmente preocupado por el aumento de las conductas suicidas. “Los datos globales señalan que entre 800.000 y un millón de personas se suicida al año en todo el mundo y probablemente es la punta de lanza, porque hay determinadas culturas en las que se esconde. En España, desde 2018 no hay datos oficiales del INE, pero todas las investigaciones, como las de los Servicios de Urgencias de Psiquiatría, apuntan a un incremento muy significativo. Los teléfonos de la esperanza atienden un 50% más de consultas sobre suicidios. En Valencia, la Policía Local ha recibido del 1 al 12 de abril un 37% más de llamadas relacionadas con intentos de suicidios que en el mismo periodo de 2019″, destaca.

En este sentido, “preocupan mucho las conductas suicidas entre los más jóvenes en relación con la pandemia, en España y en todo el mundo”, sostiene el psiquiatra, padre de dos hijos. ”Las evidencias directas y clínicas indican que hay que tener mucho cuidado con los adolescentes por el efecto en su desarrollo neurobiológico de la formación exclusivamente a través de las pantallas, sin interacción social. Tras el aislamiento, el cerrojazo, las restricciones de la movilidad, nos damos cuenta de que el gregarismo, sobre todo en situaciones de emergencia, tiene un valor notable y más para los jóvenes”, razona el experto, formado en la escuela biologicista y con experiencia clínica y psicoterapéutica.

Esta situación se puede agravar con las pérdidas de puestos de trabajo. “Pensemos en situaciones históricas de pandemia, como la de la gripe de 1917 y 1918. Después de la pandemia hubo un incremento de los suicidios importante. Pensemos en la ley del 1%: cuando se produce una disminución del empleo de un 1%, se produce un aumento en la tasa de suicidio de un 1%, según los informes de países que lo han estudiado, como Estados Unidos”, afirma Tabarés con un hablar pausado y reflexivo. La polarización de las emociones por parte de “irresponsables dirigentes políticos” no ayuda, apostilla el antiguo concejal socialista en Sagunto (Valencia).

Mayor consumo de psicofármacos entre las mujeres

Otro grupo vulnerable es el de las “mujeres de unos 25 años y de más de 70, con trabajos esenciales, no solo sanitarios”, especifica. “En general, cuanto mayor es el nivel socioeconómico, más se busca apoyo psicoterapéutico y menos se consumen psicofármacos. Y estamos viendo que este consumo ha aumentado mucho con la pandemia, sobre todo entre las mujeres, médicas, enfermeras. Se apuntan razones como su mayor dificultad de echar mano de apoyo psicoterapéutico convencional porque se sienten más avergonzadas, porque se espera de ellas que estén al pie del cañón, porque tienen más cargas familiares. Y por todo ello acaban por automedicarse”.

Sorprendido por la expectación y el interés mediático que ha suscitado su nombramiento, lo que considera una muestra de la preocupación existente, Tabarés incide en la importancia de la psiquiatría en primera persona, en “la intrahistoria de cada uno”. Su interés inicial por la materia estuvo relacionado con la necesidad de “conocer y comprender” los problemas de salud mental de su única hermana. “Hay que dar voz a los pacientes, a los que sufren, y ayudarlos”, afirma.

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