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EE UU y China concluyen su primer encuentro en Alaska con reproches mutuos | Internacional

El consejero de Estado chino, Yang Jiechi, durante la reunión de las delegaciones diplomáticas de EE UU y China en Anchorage (Alaska).Frederic J. Brown / AP

La jornada inicial de conversaciones entre China y Estados Unidos en Alaska, las primeras de la era Biden, se ha desarrollado como esperaban los pronósticos: con aspereza, al menos delante de las cámaras. Frente a frente, en una larga mesa en el hotel Captain Cook de la ciudad de Anchorage, las dos delegaciones convirtieron lo que debía haber sido unos breves minutos de naderías protocolarias en una intensa hora de intercambio de reproches. En la versión diplomática de una guerrera danza haka maorí, antes de entrar en faena de verdad, cada parte sacó pecho, enumeró sus ventajas y desplegó sus quejas, para marcar territorio y tratar de amedrentar al contrario. Asegurándose de que la prensa lo veía y el espectáculo llegaba a sus verdaderos destinatarios: sus respectivos públicos nacionales.

El protocolo establecía que al inicio de la sesión inaugural cada uno de los dos jefes de las respectivas delegaciones pronunciaran una declaración de dos minutos. Comenzó la parte anfitriona; el secretario de Estado, Anthony Blinken, advirtió que en las tres sesiones de diálogo previstas, Estados Unidos abordaría las acciones de China en Hong Kong, el trato a la minoría uigur en Xinjiang, Taiwán, ciberataques contra Estados Unidos y presiones económicas contra los aliados de ese país. “Cada una de esas acciones amenaza el orden basado en leyes que mantiene la estabilidad global”, sostuvo.

El consejero de Estado chino, Yang Jiechi, tomó entonces la palabra. Habló durante 16 minutos —más otros tantos de traducción— para defender los logros de su país en la lucha contra la pobreza o la derrota del coronavirus y acusar a Washington de “condescendencia” en sus declaraciones de apertura de la sesión. “Estados Unidos”, sostuvo, “no representa al mundo. Solo representa al Gobierno de Estados Unidos. No creo que la inmensa mayoría de los países del mundo reconozcan que los valores universales que defiende EE UU, o la opinión de EE UU, representen la opinión pública internacional”.

En lugar de criticar a China, opinó el consejero de Estado, Estados Unidos debería resolver sus “profundos” problemas, incluidos los raciales. “Estados Unidos utiliza su fuerza militar y hegemonía financiera para ejercer su jurisdicción a larga distancia y reprimir a otros países”, declaró Yang.

En vídeo, declaraciones este viernes del portavoz chino de Exteriores.FE / EPA / ROMAN PILIPEY / VIDEO: REUTERS-QUALITY

El ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi —inferior, jerárquicamente, a Yang, que es miembro del Politburó, el segundo nivel de mando en el Partido Comunista—, tomó la palabra a su vez para continuar la lista de agravios y quejarse de que Washington hubiera impuesto sanciones contra 24 funcionarios del Gobierno central chino y el hongkonés en la víspera de la reunión. “Así no es cómo uno debería dar la bienvenida a sus invitados, y nos preguntamos si Estados Unidos tomó esa decisión para intentar cobrar alguna ventaja en su interacción con China, pero desde luego es un error de cálculo, que solo refleja la vulnerabilidad y debilidad dentro de EE UU”, opinó.

Cuando parecía que todo acababa allí, y los asistentes comenzaban a guiar a la prensa presenta fuera de la sala, para que la reunión continuara a puerta cerrada, Blinken volvió a llamar a los periodistas para una nueva declaración, fuera de programa, en una ruptura insólita del protocolo. Un gesto que, a su vez, repitió Yang cuando de nuevo el grupo de reporteros abandonaba la habitación.

Posteriormente, en declaraciones a sus respectivos periodistas nacionales, cada delegación acusó a la otra de haber violado el protocolo acordado. Un alto funcionario estadounidense sostuvo que la representación china había llegado “dispuesta al postureo, centrada más en hacer teatro y montar un drama que en la sustancia”. Por su parte, la legación china denunció que Estados Unidos había creado una situación “poco hospitalaria” y contraria a la etiqueta diplomática.

Que el choque público tenía, sobre todo, una finalidad óptica lo demostró que las conversaciones continuaron sin sobresaltos en las sesiones a puerta cerrada. La primera, incluso, se prolongó más allá de las dos horas previstas, según el alto funcionario estadounidense. Esas conversaciones fueron “sustanciosas, serias y directas”, afirmó. “Las hemos utilizado, como teníamos previsto, para expresar nuestros intereses y prioridades, y hemos escuchado lo mismo de nuestros homólogos chinos”.

Aunque no solo se trataba de una cuestión de óptica. La aspereza del intercambio también refleja la profundidad de las tensiones entre los dos países, que durante el mandato de Donald Trump vivieron los momentos más bajos de su relación en medio siglo por disputas en torno a cuestiones comerciales, sanciones tecnológicas y la situación en Xinjiang, Hong Kong y Taiwán. Los roces no muestran señales de abatirse durante la Administración Biden, que aunque revisa su política hacia China mantiene una política similar a la de su predecesor.

El objetivo de la reunión es, precisamente, sentar las bases para gestionar la relación de rivalidad a lo largo de los próximos cuatro años, de tal manera que ambos países puedan cooperar en cuestiones de interés común como la situación en Myanmar, los programas nucleares de Corea del Norte o Irán, la lucha contra la pandemia de coronavirus o el cambio climático.

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