Si algún optimista de la zona seguía soñando con la permanencia, es muy posible que después del enésimo ridículo de la temporada ya haya decidido tirar la toalla. Los armeros agotaron en Granada su última bala con otra goleada que definitivamente les hunde en el último puesto de la clasificación y les deja a cinco puntos de la salvación con 18 puntos por disputarse. Muy difícil, por no decir imposible. Seguir soñando con una reacción milagrosa empieza a ser un juego de ciencia ficción.

Lo mejor que puede pasarle al Eibar es que la temporada se acabe cuanto antes. Porque la etapa más gloriosa de su historia con José Luis Mendilibar a la cabeza se va a cerrar de la peor manera posible. Triste y desolador. Un equipo lleno de carencias, sin la mentalidad necesaria para estar en Primera y que lleva tres meses sin competir. Con 23 puntos en 32 jornadas se antoja difícil de imaginar que este equipo puede llegar, ni siquiera, a los 30 puntos. Fue bonito mientras duro, pero el cuento del Eibar en Primera toca a su fin.

Que el conjunto armero llegue a las últimas jornadas en apuros no deja de ser algo que entra en el guion. Pero que encadene 15 jornadas sin triunfos no lo es. Y habla muy mal de una plantilla que está muy por debajo de las expectativas. La clasificación hace justicia y el cuadro de Mendilibar es claramente el peor de la categoría. Vulnerable defensivamente, sin la capacidad para hacer daño por las bandas, con muy poca capacidad para gobernar los partidos en el centro del campo y sin acierto de cara a gol. Los rivales no necesitan hacer genialidades para marcar, porque ya se encarga el propio Eibar de regalar los goles.

Es difícil de entender que en la situación en la que llegaba el Eibar a Granada, frente a un equipo que estaba salvado y sin ninguna aspiración en lo que queda de Liga, le hagan dos goles con tanta facilidad como los que le hizo el equipo de Diego Martínez. Puedes estar más o menos acertado, tener poca claridad a la hora de buscar la portería contraria, pero lo mínimo que uno espera de un equipo que está en la situación del Eibar es que salga al campo con el cuchillo entre los dientes. Por respeto a todos esos aficionados que tan mal lo están pasando.

Un vestuario roto, en el que Mendilibar prefiere contar con un chaval que juega en Tercera antes que a Sergi Enrich, el tipo que empezó la temporada como capitán con el salario más alto de la plantilla, porque se ha convertido en un problema más que en una solución. Si hay un jugador que tenía que tirar del carro es el ‘9’, al que el técnico de Zaldibar llegó a elogiar en su día diciendo que “nunca he tenido un jugador tan comprometido como él”. Eran otros tiempos. Enrich lo jugaba todo y rendía como el que más. Ahora que ha dejado de contar y se haya visto la otra cara del balear, es posible que Mendi no piense lo mismo.

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