Solamente una semana una vez que casi todas las tropas estadounidenses se retiraran de Afganistán, el presidente Biden enfrentó una situación increíblemente afín en Haití y en este momento está más cerca de casa.

En Afganistán, Biden concluyó que no en todos los casos se puede aguardar que el ejército estadounidense apoye al frágil gobierno del país. Los críticos creen que la retirada culpará a Washington por el colapso que se estima prosiga.

No hay peligro de que los insurgentes tomen el poder en Haití. No obstante, dado que las autoridades solicitaron la ayuda del ejército estadounidense para restaurar el orden y resguardar su propiedad, Biden se enfrentó a una resolución afín.

Las intervenciones pasadas en Haití detallan que una intervención más puede impedir con eficacia un mayor caos. Pero estas ocupaciones duraron varios años y solamente resolvieron (y podrían empeorar) la raíz del caos y culparon a USA con lo que sucedió ahora.

No obstante, tras décadas de deber allí, como en Afganistán, USA es visto como el garante del destino de Haití. En parte debido a esta participación, los dos países están plagados de pobreza, corrupción y también instituciones enclenques que llevan a sus gobiernos prácticamente fuera de control, lo que transporta a pedidos de una mayor participación de Estados Unidos para ellos.

El rechazo a la candidatura de Haití culpa a Washington en una parte del desastre, que el ejército estadounidense podría retrasar. Pero el consentimiento los va a hacer responsables de abordar otra crisis abierta que durante un buen tiempo demostró ser una oposición a las soluciones externas.

Constantemente, estos dos caminos políticos, el caos provocado por la inacción extranjera o las riesgosas intervenciones extranjeras, aunque supuestamente diferentes, llevaron a Haití al mismo objetivo: está emergiendo un orden político y económico que muchos haitianos piensan insoportable.

“Este país ha desaparecido prácticamente por completo”, ha dicho Robert Farton, un politólogo nativo de Haití de la Facultad de Virginia. “En cierto modo, hay que al modelo de ayuda para Haití.

La Casa Blanca mencionó que estaba trabajando con los líderes haitianos y la red social internacional para sacar a Haití de la crisis y llevar a cabo reformas mucho más profundas. Pero pocos son optimistas de que esto revertirá el curso del desarrollo del país.

Estados Unidos ahora se encontró con una versión de este dilema en Haití y ha aprendido una lección mutua.

En la década de 1960, el presidente John F. Kennedy consideró intervenir para destituir al líder autoritario de Haití, François Duvalier, y aceptar elecciones libres. Se espera que acepte una compromiso especial por este país, cuyos problemas se derivan en una parte de la ocupación abusiva de los Estados Unidos a inicios del siglo XX.

No obstante, Kennedy expresó su oposición y sacó de Haití a un Cuerpo de Marines de los EE. UU. Existente al mandar un mensaje de que a Washington no le gusta Duvalier, pero que le dejaría quedarse. La élite política haitiana logró caso de los supuestos deseos de Washington. Duvalier y su hijo pasaron por otros 23 años de un gobierno garrafal que hundió a Haití en una pobreza y corrupción aún más profundas.

Décadas después, el legado de este evento ha presidido al presidente Bill Clinton.

En 1991, un golpe militar derrocó al líder electo de Haití y desató un reinado de terror que dejó cientos de fallecidos. Clinton no quiso reiterar lo que consideraba Kennedy, consiguió la aprobación de Naciones Unidas para la invasión y restauración de la democracia.

Esta intervención fue en un inicio bien recibida en Haití y en el extranjero, se consideró un éxito increíble y finalmente puso a Haití en un mejor camino.

“Estados Unidos lleva razón al entrar en Haití”, escribió el presidente de la Fundación para la Paz Mundial, Robert Rotberg, un par de años después, y calificó la intervención como “una rara joya de la política exterior del presidente Bill Clinton”.

Esos que son incrédulos sobre el procedimiento se consideran cobardes y miopes. El más esencial de ellos fue el senador Joseph R. Biden. Sus palabras fueron condenadas por todas las partes: “Si Haití termina de hundirse serenamente en el Mar Caribe o escalado 90 metros, será nuestro. En términos de ganancias, esto no es importante.

Pero el golpe es síntoma de un problema más profundo. Después de décadas de explotación por parte de potencias extranjeras y la propia clase dirigente de Haití, las instituciones y la economía del país apenas funcionan. Había corrupción y bandas delincuentes.

Como descubrió Washington después en Afganistán, los militares pueden parar los disturbios civiles, pero la reconstrucción de un país puede llevar generaciones. Al final del mandato del presidente Clinton, se reescribió como un fracaso cuando la ocupación estadounidense se convirtió en una fuerza de la ONU.

“La intervención en Haití fue un éxito de corta duración”, ha dicho después a la revista Time James Dobbins, entonces enviado estadounidense a Haití.

“La primordial lección que aprendido de Haití son los límites de estas intervenciones y lo que pueden lograr”, ha dicho. “Y entienda que la transición es solo parcial, lleva mucho tiempo”.

Muchos especialistas creen en este momento que la intervención, si bien tuvo éxito en la superficie, exacerbó los problemas fundamentales que obligaron a Clinton a accionar primero. Los líderes reintegrados en este momento cuentan con el acompañamiento del ejército estadounidense y son mucho más libres para accionar como deseen. Las reformas económicas patrocinadas por USA llevaron al país a importar enormes proporciones de alimentos y otras materias primas e inundar los negocios haitianos.

Para demostrar que no hay respuestas fáciles a semejantes crisis, Clinton ha tomado el sendero contrario en Afganistán. En el momento en que una novedosa facción insurgente se trasladó al sur del país, su administración se vio presionada para intervenir en la guerra civil, y Clinton se negó. Si bien el apoyo de Estados Unidos a las guerrillas allí a lo largo de la Guerra Fría asistió a solucionar muchos de los inconvenientes del país, él cree que queda fuera de la jurisdicción de Estados Unidos.

Tres años después, la facción rebelde de los talibanes parecía dispuesta para apoderarse Afganistán por segunda vez. El legado de Clinton transporta las acusaciones formuladas por expertos afganos, confrontados por Biden con partidarios haitianos en la década de 1990, de dejar un país al que Washington debe su apoyo tras supervisar tan bien su destino.

La experiencia en Haití no es tan mala. Pero su desempeño bajo la ocupación estadounidense no es preferible que en Afganistán, cuando Estados Unidos no hizo nada.

Ciertos especialistas de los dos países han argumentado que la razón es que el veloz plan de construcción nacional de Estados Unidos, sin importar cuán bien intencionado sea, ocasionalmente destrozará lo absurdo de un país que marcha.

En 2004, tras el derrocamiento del presidente de Haití en el segundo golpe, las fuerzas de cuidado de la paz de la ONU volvieron a intervenir.

De hecho, la llamada labor de estabilización ha mejorado el orden. El propósito es ofrecer a los haitianos y las organizaciones de asistencia un espacio para construir instituciones nacionales y intentar romper el período de pobreza y tiranía. Pero los dos solo empeoraron.

El reinicio de la misión de la ONU tras el terremoto en Haití asimismo propuso los inconvenientes propios de una presencia militar extranjera: violencia excesiva contra civiles, denuncias de violaciones y la epidemia de cólera que, en casos extremos, ha matado a 10.000 personas.

El Dr. Farton mencionó que los haitianos, que en algún momento fueron vistos como rescatistas, se han vuelto “odiados y realmente aborrecibles” por la ocupación extranjera, como suele ser la situacion en las intervenciones de mediación.

En Haití, el plantel de cuidado de la paz, las agencias de asistencia y los expertos desarrollandose han intentado casi todo durante mucho más de 20 años. Inviertes en burocracias y pequeñas empresas emergentes. Fomentaron reformas democráticas, capacitaron a observadores electorales y promovieron organizaciones de base.

Para reprimir a los delincuentes que controlaban los vastos distritos marginales de Haití, las fuerzas de paz removieron incluso las peores pandillas y el poder del gobierno restaurado desde hace mucho tiempo. se había retirado.

“Se las arreglaron para supervisar la carretera por un tiempo y parecía habitual en la superficie”, ha dicho el Dr. Farton.

Ciertos policías que ya no están a cargo de la policía debido a las Naciones Unidas, pero varios de ellos asimismo enfrentan la pobreza extrema y el apetito y han desarrollado sus sociedades criminales para cubrir los puestos.

Los pacificadores no pueden quedarse para toda la vida.

El Dr. Farton dijo: “Tan rápido como renuncian, se regresa muy caótico nuevamente y la pandilla es mucho más fuerte que ellos”.

Este fué siempre y en todo momento el modelo para muchas áreas de la ayuda al avance: “Estas instituciones son ya débiles, con lo que verdaderamente están comenzando a derrumbarse.

Durante la mayoría de la existencia de la ONU, los especialistas advirtieron que los extranjeros se quedaban todos los años y que Haití dependía cada vez más de ellos para la gobernanza diaria. Esto ha provocado un mayor deterioro de las instituciones haitianas y un resurgimiento del interés por la corrupción, que en la mayoría de los casos atrae asistencia extranjera, que se convirtió en uno de los recursos más apreciados de Haití.

Pero de año en año también se vuelve mucho más bien difícil escapar del país pues saben que las Naciones Unidas serán de nuevo causantes del abandono de los haitianos.

Las fuerzas de la ONU por último se retiraron en 2017 y fueron expulsadas por los escándalos y la resistencia popular a su presencia. Ahora, solo cuatro años después, Washington y el mundo enfrentan de nuevo llamados para atestar el vacío que Haití no puede completar.

“Su condición se ha deteriorado”, ha dicho el Dr. Farton.

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