Idriss Déby, presidente de Chad, falleció este martes a consecuencia de las heridas sufridas mientras combatía al frente de sus tropas contra un grupo armado rebelde en el norte del país, según ha informado el general Azem Bermandoa Agouna, portavoz del Ejército, en un comunicado leído en la televisión nacional. “El presidente de la República, jefe del Estado, jefe supremo de los Ejércitos, Idriss Déby Itno, acaba de morir defendiendo la integridad territorial de Chad en el campo de batalla”, asegura el comunicado. El presidente chadiano acababa de ser reelegido en su cargo para un sexto mandato tras ganar las elecciones celebradas el pasado 11 de abril con un 79,32% de los votos, anunció la comisión electoral el lunes. En un país asediado por constantes conflictos desde su independencia en 1960, el propio Déby llegó al poder hace 31 años al frente de una rebelión.

Con un marcado perfil autoritario y al frente del Ejército más aguerrido de África central, Déby se había convertido en el aliado indispensable de Occidente y en particular de Francia en la lucha contra el yihadismo en el Sahel. Pero su victoria electoral se produjo en medio de una nueva rebelión que había estallado en el norte del país en la que las Fuerzas Armadas aseguraron haber matado a más de 300 combatientes el pasado fin de semana.

Tras el anuncio de los resultados, numerosos militantes del gobernante Movimiento de Salvación Patriótica (MSP) salieron a las calles de Yamena, capital del país, para celebrar una victoria tan contundente como esperada. Tres de los principales líderes de una oposición dividida habían decidido retirar su candidatura ante la violenta represión de las manifestaciones que reclamaban una alternancia pacífica y el constante hostigamiento a sus actos políticos. Los otros seis candidatos tenían escasas posibilidades.

Con la opción de las urnas prácticamente cerrada para que se produzca un cambio de régimen, la amenaza más seria para el poder absoluto de Déby procedía precisamente de las continuas rebeliones que estallan desde el norte y el oeste del país. La última de ellas, en la que Déby ha fallecido, comenzó precisamente el día de las elecciones y está encabezada por el Frente para la Alternancia y la Concordia de Chad (FACT, según sus siglas en francés), que atacó en la región de Kanem desde sus bases en el sur de Libia. Los combates se intensificaron el fin de semana y el Ejército aseguró haber matado “a más de 300 rebeldes”.

En la habitual guerra de propaganda, el FACT asegura sin embargo haberse hecho con el control de Kanem. Este grupo armado ha recibido el apoyo de los insurgentes de la Unión de Fuerzas de la Resistencia (UFR), que ya en 2008 pusieron contra las cuerdas al presidente Déby con una rebelión que logró llegar a las puertas de Yamena y fue derrotada gracias a una intervención francesa. Esta ha sido la constante de los últimos años. En 2019, aviones Mirage 2000 galos bombardearon una columna de la UFR que había penetrado en suelo chadiano también desde Libia con el objetivo de avanzar sobre la capital.

Habitualmente vestido con su uniforme militar, Déby acostumbraba encabezar personalmente a su Ejército en numerosas ofensivas, como sucedió el 1 de febrero de 2008 cuando el ya presidente chadiano estuvo a punto de morir en Massaguet, a 80 kilómetros de la capital, luchando contra una columna de insurgentes. Recientemente apareció al frente de sus tropas en una operación militar contra Boko Haram. En esta ocasión esa costumbre le ha costado la vida.

El respaldo sin fisuras del Elíseo al autócrata chadiano se sustenta en el apoyo que este prestaba a la operación militar Barkhane contra el yihadismo en el Sahel, en la que Francia mantiene a más de 5.000 soldados sobre el terreno desde el año 2014. Precisamente Yamena acoge el cuartel general de este dispositivo que opera también en Níger, Malí y Burkina Faso. Desde hace una década, Chad se enfrenta a los yihadistas de Boko Haram y del Estado Islámico de África Occidental (ISWA) en la zona del Lago Chad, donde ha sufrido duras ofensivas. Asimismo, aporta tropas al G5 del Sahel en el oeste de Níger y participa en la misión de la ONU en Malí, donde ha sufrido decenas de bajas.

La implicación chadiana en la lucha contra el yihadismo llevó la violencia radical hasta la misma Yamena en 2015 con una serie de atentados en los que fallecieron 28 personas, la mayoría de ellos policías y militares. Frente a esta doble amenaza del terrorismo y las rebeliones y con numerosos conflictos próximos a sus fronteras, como los de Libia, Sudán o República Centroafricana, el Ejército chadiano se ha ido convirtiendo en el más robusto de la región mediante la adquisición de tanques, aviones y helicópteros gracias a los fondos procedentes del petróleo que explotan sobre todo empresas chinas desde hace unos 20 años.

Al mismo tiempo, las Fuerzas Armadas chadianas han estado en el centro de polémicas por su escaso respeto por los civiles, ejecuciones extrajudiciales y excesivo uso de la fuerza. A principios de abril, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Níger señaló a soldados chadianos que participan en las operaciones militares contra el yihadismo como autores de un delito de violación contra al menos dos mujeres y una niña de 11 años, hechos admitidos por el Ejército que anunció que los responsables habían sido detenidos.

Pese a la riqueza que se destina en buena medida a las Fuerzas Armadas, la población chadiana es una de las más pobres del mundo, con el 60% de sus 16 millones de habitantes sobreviviendo con menos de un dólar al día según Oxfam. De hecho, el país está situado en el antepenúltimo puesto en la lista de naciones por Índice de Desarrollo Humano (IDH) que tiene en cuenta valores como la esperanza de vida, la escolarización o el PIB per cápita. Mientras tanto, la desnutrición, el matrimonio precoz y la violencia son amenazas constantes para decenas de miles de niños, según Unicef.

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