Jóvenes, niños y familias marroquíes han vuelto a encontrar en menos de un mes una especie de autopista marítima para llegar nadando a Ceuta desde la ciudad vecina de Fnideq (77.000 habitantes), antigua Castillejos. En plena tensión diplomática entre Rabat y Madrid, 145 emigrantes irregulares han accedido a España, durante la madrugada y la mañana de este lunes, después de sortear nadando unos 120 metros el espigón de la frontera, según informaron a EL PAÍS autoridades de la Delegación del Gobierno en Ceuta.

En el grupo se encuentran al menos dos familias que se echaron al mar en barcas hinchables, numerosos niños y adolescentes, y veinteañeros marroquíes. Esta es la segunda entrada masiva, tras otra a finales de abril, después de que Marruecos haya acusado a España por acoger en un hospital de Logroño al secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali, según declaró la jefa de la diplomacia española, Arancha González Laya. La ministra indicó este lunes que no le consta que la llegada de emigrantes se deba a que Rabat intente presionar así a las autoridades españolas.

Los emigrantes irregulares entraron de forma simultánea desde la playa del Tarajal, por donde habían penetrado en abril otro centenar de jóvenes, y desde el área de Benzú, según fuentes de la Cruz Roja. Y lo hicieron en una especie de “goteo” hasta las 13.45 de este lunes. La llegada coincide con el fin de la pascua chica musulmana, que marca el final del mes de Ramadán.

Aumento de llegadas también en el Estrecho

La entrada en Ceuta coincide con un incremento en la llegada de migrantes en patera en aguas del Estrecho y del mar de Alborán, después de meses con una baja actividad. En apenas ocho horas, las que van desde las siete de la mañana de este martes a las tres de la tarde, Salvamento Marítimo ha rescatado a 46 inmigrantes, una mujer entre ellos, en un goteo constante que comenzó al alba en las inmediaciones de la zona sur de Tarifa. Se trata de una cifra superior a los 33 migrantes rescatados en Cádiz entre el 8 y el 28 de abril, según fuentes de la Subdelegación del Gobierno en Cádiz.

Los rescatados viajaban a bordo de 13 embarcaciones de pequeña eslora: hinchables tipo juguete, kayaks y una piragua. Una veintena de los recién llegados son subsaharianos y el resto, de origen magrebí. Salvo tres personas que han llegado a Fuengirola (Málaga) y que han sido trasladadas a la capital malagueña, la mayoría, que ha arribado a las costas de Cádiz, está siendo trasladada a la bahía de Algeciras, donde opera desde la crisis migratoria de 2018 un centro de atención temporal de extranjeros (CATE), confirman desde la Subdelegación del Gobierno de Cádiz. Fuentes de Salvamento Marítimo explican que este ritmo de rescates es “mucho” más que el que estaban registrando en los últimos tiempos. “Estamos notando un incremento tanto en el Estrecho como el mar de Alborán”, ha explicado Manuel Capa, rescatista y delegado de CGT del comité de empresa de Salvamento Marítimo. Capa ha lamentado que este incremento de llegadas se ha comenzado a producir después de que Fomento haya reducido los refuerzos de personal que tenían en los barcos de rescate, informa Jesús A. Cañas.

El auge de llegadas registrado este lunes recuerda al del pasado 26 de abril. Aquel día, más de 128 personas, según datos de Cruz Roja, llegaron a Ceuta a través de la playa cercana a Fnideq. Durante dos días de temporal, se lanzaron al mar ante la total inacción de las autoridades al otro lado de la frontera. Un vecino de la localidad marroquí que siguió muy de cerca la huida de decenas de jóvenes en abril relataba a este diario con la condición del anonimato: “No es que nuestros policías colaborasen. Yo los conozco a todos y sé que no harían eso. Lo que pasó es que ese fin de semana no había ni un solo policía vigilando las playas. Todo el mundo se dio cuenta”.

Al menos dos personas murieron durante la emigración masiva de ese día. Entonces, las negociaciones entre el Ministerio de Interior y Rabat permitieron detener la entrada de personas en Ceuta con el despliegue de fuerzas marroquíes en la costa y habilitaron la rápida devolución de unos 110 jóvenes pese al férreo cierre fronterizo. Solo 30 menores de edad permanecieron acogidos en la ciudad autónoma.

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Los sucesos de abril supusieron un primer golpe en la mesa por parte de Marruecos, molesto por la llegada a Logroño el pasado 18 de abril del líder del Frente Polisario para ser tratado por covid en España. El hecho de que el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconociera en diciembre la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental ha llevado a Marruecos a presionar a España, a Alemania y a la Unión Europea en general para que siga los mismos pasos que Trump. Hasta el momento, la respuesta de la UE ha sido unánime y emplaza a las dos partes en conflicto a llegar a un acuerdo mutuamente aceptado y en el seno de la ONU.

A principios de este mes, un comunicado del Ministerio de Exteriores marroquí achacaba a España la “inacción” de su Justicia al permitir la entrada de Ghali y afeaba a Madrid haber actuado “a la espalda de un socio y vecino”. La diplomacia marroquí reconoció que la acogida de Ghali era una “decisión soberana de España”, pero advirtió de que sacaría “todas las consecuencias”. Los nueve partidos marroquíes con representación parlamentaria acusaron al Gobierno español en un escrito conjunto de mantener una actitud “inaceptable y abiertamente provocadora”.

La emigración masiva desde Fnideq supone un alivio para las autoridades marroquíes, en una zona donde se han registrado varias manifestaciones en los últimos meses, con cientos de mujeres que reclamaban alternativas económicas para el cierre de las fronteras con Ceuta y Melilla.

Cientos de familias en ciudades cercanas a la frontera como Fnideq –junto a Ceuta– o Beni Enzar, Barrio Chino y Farhana –junto a Melilla– dependían de las relaciones transfronterizas, que llevan más de un año suspendidas desde el cierre de los pasos oficiales en marzo de 2020 debido a la pandemia. Solo en Melilla, unos 35.000 trabajadores transfronterizos cruzaban cada día la frontera. Empleadas domésticas, trabajadores cualificados y empleados en el sector servicios que quedaron al otro lado del paso perdieron su trabajo y, en muchos casos, viven de los sueldos que aún reciben por parte de sus empleadores a través de servicios de envío de dinero certificado.

Guardia Civil y Cruz Roja atiende a los marroquíes en Ceuta, este lunes.Joaquín Sánchez

También se ha puesto fin definitivo al llamado porteo o comercio atípico, una forma de contrabando con la que Rabat deseaba acabar y que empleaba a miles de personas, muchos llegados desde ciudades del interior de Marruecos, como Fez o Casablanca. En Fnideq, restaurantes y tiendas se vieron obligados a echar el cierre. Decenas de familias de porteadoras abandonaron la ciudad para regresar a sus pueblos de origen, en las montañas del Atlas.

En febrero, cientos de habitantes de Fnideq salieron a las calles hasta cuatro viernes consecutivos para reclamar la apertura de fronteras con España. Las autoridades arrestaron a varios jóvenes la primera semana. Pero eso no impidió que al siguiente viernes miles de vecinos, en gran parte mujeres, volviesen a manifestarse con gritos de: “¡Qué vergüenza! Habéis matado a Fnideq”, “El pueblo quiere abrir la frontera”, “Libertad para los detenidos”. La policía optó entonces por permitir las concentraciones de protestas, mientras que la justicia liberaba a los presos y las autoridades repartían vales de comida por valor de 30 euros. Pero las manifestaciones siguieron. “No queremos limosnas”, coreaban.

Mientras Marruecos trabaja en la reactivación económica del norte del país, la población de la región languidece ante el cierre de la frontera, lo que ha provocado un constante goteo de llegadas a Ceuta y Melilla a través del mar desde que comenzó la pandemia y que se ha intensificado desde finales de 2020. No se había visto, sin embargo, este tipo de entradas masivas a nado, como si se hubiera abierto una autopista en el mar.

Finalmente, en marzo llegaron unos 300 contratos temporales para antiguas porteadoras dispuestas a trabajar en la industria textil de Tánger. Pero la situación está lejos de solucionarse en Fnideq. Las familias piden algo tan sencillo y complicado de encontrar como un puesto de trabajo. Mientras, la villa vuelve a situarse en el punto de mira de las relaciones diplomáticas entre Rabat y Madrid.

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