Helena Maleno, activista especializada en emigración, fundadora de la organización Caminando Fronteras, ha publicado un tuit este lunes a las siete de la mañana —dos horas menos en Marruecos tras la adaptación al horario de Ramadán— en el que denuncia su “violenta” deportación del país donde vive desde hace lustros. Maleno había comenzado a ser investigada por la justicia marroquí en 2015. La activista denunció que volvió a ser investigada en Marruecos en 2017 después de que la policía española enviase un expediente donde se le acusaba de tráfico de migrantes por las llamadas de socorro que Maleno suele hacer a Salvamento Marítimo. En marzo de 2019, la activista anunció el archivo de su causa en un tribunal de Tánger. Pero el pasado enero fue deportada y Malena ha roto el silencio tres meses después. Ni el Ministerio del Interior ni la Policía Nacional han tenido “absolutamente nada que ver” con la deportación, ha comentado un portavoz ministerial a EL PAÍS sin ofrecer más detalle sobre la cuestión.

Un grupo de agentes de policía esperaba el pasado 23 de enero a Maleno cuando aterrizó en el aeropuerto de Tánger (Marruecos), ciudad en la que ha residido y trabajado las dos últimas décadas. De inmediato y sin explicaciones de ningunos de los dos países, esta activista, que defiende los derechos de los migrantes, fue deportada en un avión con destino a Barcelona, según ha contado ella misma ante los medios de comunicación este lunes en un acto organizado por Caminando Fronteras en la sede del Consejo General de la Abogacía Española en Madrid. Aquel día, ha añadido, sufrió trato “vejatorio” porque no le permitieron tomar su medicación, ni fue informada ni recibió explicaciones de por qué la expulsaban ni tampoco le dieron una mascarilla para cambiarla por la que ella llevaba. “Siento más miedo que protección” por parte de las autoridades españolas, ha lamentado ante la ausencia de reacción oficial del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

“Deportada y expulsada con violencia”

El mensaje que ha difundido en las redes sociales mediante un vídeo subtitulado en inglés, señala: “Quiero denunciar que el pasado 23 de enero fui deportada y expulsada con violencia del que ha sido mi hogar, Marruecos, país en el que he vivido durante 20 años y en el que han crecido mis hijos. Ni siquiera me permitieron reunirme con mi hija, de 14 años, de la que estuve separada 32 angustiosos días, sabiendo que su seguridad también estaba en riesgo, simplemente por el hecho de ser mi hija”. Maleno señala al Ministerio del Interior español, y en concreto a la Unidad Central contra las Redes de Inmigración y Falsedades Documentales (UCRIF), “en colaboración con la policía marroquí”, como responsables del “hostigamiento” que según señala ha puesto en peligro su vida y la de su hija.

La activista añade en el vídeo: “A pesar de que dos procedimientos judiciales en España y Marruecos han reconocido que mi labor en defensa de las personas migrantes no es un delito, la violencia y las amenazas contra mí y mi familia han continuado. Desde abril de 2020 he sufrido un total de 37 ataques, amenazas de muerte, agresiones, seguimiento, vigilancia policial, escuchas telefónicas y dos asaltos a la vivienda de la familia”. En el vídeo, Maleno reconoce “los esfuerzos hechos por el Ministerio de Asuntos Exteriores a través de la Embajada en Marruecos y por la ahora ministra de Derechos Sociales” para protegerlos tanto a ella como a su familia, pero señala, que “desgraciadamente las cloacas del Estado y sus actuaciones en la persecución de defensoras de los derechos humanos tienen más poder” del que se podía imaginar y “exige a los Gobiernos de España y Marruecos que “cese la persecución” contra ella y su familia, que “depuren responsabilidades dentro de sus instituciones” y “reparen” el daño causado.

“Mi niña salió con una maleta y con una mochila con los libros del colegio para estudiar”, comenta entre lágrimas, “le tuve que decir que no iba a volver”. “No nos vamos a callar” y “las agresiones no nos van a parar”, ha insistido compungida pero decidida en su testimonio la activista, que se instaló en 2002 en la ciudad norteña del país magrebí y que ahora sigue trabajando desde España. De hecho, esta misma madrugada ha estado llevando a cabo el seguimiento de una barca en el mar de Alborán con 57 personas que finalmente ha sido rescatada por las autoridades del país magrebí cerca de Alhucemas. “Quieren que estemos calladas. No soportan que pongamos un tuit diciendo que hay 57 personas ahogándose en el mar”, ha alertado.

El acoso dice que se recrudeció desde que publicó el año pasado el libro Mujer de Frontera, en el que acusa a las autoridades de los dos países de tratar de frenar sus actividades. Quieren “demostrar que pueden hacer conmigo y mi familia lo que quieran” y “hago responsable al Gobierno del Estado español y al de Marruecos”. Entre los documentos que se llevaron de su domicilio está un papel en el que aparece el horario de clase de su hija, sus clases extraescolares y hasta los cumpleaños a los que iba a asistir la niña. La última vez que los agentes han entrado a su piso en Tánger, añade, fue hace dos días para llevarse papeles y un teléfono móvil antiguo.

La renovación de la residencia que permitía a Maleno vivir en Tánger como extranjera se bloqueó en octubre de 2018, en pleno proceso judicial. Una vez que la Justicia confirmó que no había delitos, ella trató de que le fueran restablecidos todos sus derechos. Puso en marcha el proceso administrativo y presentó la documentación requerida, incluso aquella que le permitía estar como cooperante en el país magrebí, aunque, añade la activista, el hostigamiento no cesó en ese tiempo. “Cada tres meses entraba y salía siempre acompañada. No retiraron nunca las alertas policiales que había sobre mí, pero, en principio, todo el proceso administrativo estaba OK”. Finalmente, ha señalado la activista, “hemos decidido hacer público estos hechos tras estas semanas (desde el 23 de enero) tratando de que todo se arregle, tratando de volver” porque en Madrid, ha dicho, no tienen “nada”. “Nuestros 20 años de vida se han quedado allí”, ha precisado. La decisión de hacer público la deportación, señala, ha sido también “ante el riesgo” de que les “pase algo más”.

Maleno se ha referido a los “versos libres” que “desgraciadamente” hay dentro del Gobierno español así como agentes que actúan de manera “impune” desde Interior con “dosieres cloaca” para criminalizarla y en el que han llegado a pedir a Rabat su “cadena perpetua”. “Hemos pedido que por salud democrática se investigue, pero no ha sido posible”, ha añadido. Esta activista, con numerosos premios y nombrada recientemente doctora honoris causa por la Universidad de las Islas Baleares, señala directamente a las autoridades de los dos países de la deportación. Cree que, fracasados los intentos de que fuera condenada en los tribunales, la orden de ejecución fue dada por los marroquíes en Rabat, la capital, con el visto bueno del Ministerio del Interior español. No entiende cómo en el Gobierno español hay dos ministerios trabajando en sentidos contrarios.

Desde que se instaló en Tánger en 2002, su teléfono ha sido un recurso habitual de miles de emigrantes llegados al reino alauí con la idea de dar el salto a suelo europeo. La información que mueve Maleno es tal que en numerosas ocasiones es ella directamente la que alerta a las autoridades de la salida de embarcaciones y hace de cordón umbilical con las familias de fallecidos y desaparecidos en sus países de origen. Ese caudal de contactos ha llevado a que la vean como organizadora de las expediciones y hasta como traficante de personas, como insiste, consta en documentación del Ministerio del Interior español. Pero los tribunales de uno y otro país han dictaminado que su trabajo no constituye un delito. Está convencida de que lleva años vigilada, perseguida y con los teléfonos pinchados.

En su comparecencia este lunes, Maleno ha estado acompañada y apoyada por la actriz Alba Flores, el activista Moha Gerehou y María San Martín, de la asociación Front Line Defenders, que ha calificado de “decepcionante” el papel jugado por las autoridades españolas y europeas.

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