La obra que se ha alzado este martes con el premio de la cuarta edición del Craft Prize de Fundación Loewe, el premio de artesanía de excelencia más importante del mundo, es una instalación que, en la distancia, parece una enorme nube rocosa colgada de la pared a medio metro del suelo. La cercanía, sin embargo, permite apreciar que, en realidad, se trata de una prodigiosa amalgama de bordados, encajes y otras labores textiles que, mezcladas y superpuestas, parecen casi borrosas, como si el tiempo las hubiera aglutinado de forma natural. La pieza, llamada ELLA, fue creada en 2016 por la artista china Fanglu Lin. “Lo que llamó la atención al jurado fue esta idea de tomar la tradición, de la artesanía, y volverla abstracta”, afirma en una entrevista por videoconferencia Jonathan Anderson, director artístico de Loewe y miembro del jurado del certamen, presidido por Anatxu Zabalbeascoa y con integrantes tan prestigiosos como Benedetta Tagliabue, Patricia Urquiola, Deyan Sudjic o Naoto Fukasawa. “La escala de la pieza es muy poco habitual, y crea la sensación de ser absorbido por una especie de paisaje abstracto. Era algo que gran parte del jurado nunca había visto, y ese carácter novedoso fue muy importante a la hora de decidirnos”.

Para Fanglu Lin, nacida en 1989, vivir en Pekín no es incompatible con dirigir la mirada al mundo rural. Para crear esta obra, acudió a Yunnan, una provincia montañosa del suroeste de China hogar de varias minorías étnicas. “Llevo años pensando en la artesanía tradicional desde la perspectiva del arte contemporáneo”, explica a EL PAÍS por correo electrónico. “He visitado muchas veces Yunnan, para entender las condiciones en que viven sus habitantes, y para comprender las técnicas tradicionales de teñido de la minoría Bai”.

La pieza ganadora, titulada SHE, de la artista china Fanglu Lin.

La obra premiada es el resultado de ese diálogo, pero también de una cuestión mucho más íntima: el gesto personal, físico, del artesano. “El teñido o el punto son prácticas que aúnan racionalidad y sensibilidad, mente y cuerpo”, explica la artista, que pasó tres meses tejiendo, anudando, bordando y plegando algodón blanco hasta componer la pieza. “La existencia de los individuos, las huellas de su cuerpo, la percepción de la naturaleza humana y la expresión de la voluntad y el ego se reflejan en los gestos de las manos, conectando cuerpo y arte. Hacerlo por mí misma me permite reflejar la realidad de mi espíritu”. ELLA, por tanto, no es un muestrario de técnicas textiles rurales, sino una escultura que, colgada en el muro, permite hablar de conceptos e intimidad, de biografía y cuerpo. “Está sucediendo algo muy fascinante en el mundo de la artesanía textil”, apunta a su vez Anderson. “Hay algo delicado y extraordinario en la capacidad de utilizarlo para crear formas como esta. Plantea nuevas preguntas y abre nuevas fronteras. Eso es lo que importa”.

Los dos finalistas del Loewe Craft Prize. Arriba, creación de Takayuki Sakiyama; abajo, de David Corvalán.
Los dos finalistas del Loewe Craft Prize. Arriba, creación de Takayuki Sakiyama; abajo, de David Corvalán.Loewe

La cuarta edición del certamen ha estado marcada por la pandemia. La entrega de premios debía haberse celebrado en 2020 en París, pero sus responsables decidieron aplazarla hasta que la situación comenzara a normalizarse. Finalmente, tampoco este año ha podido organizarse una exposición con las 30 piezas finalistas, aunque la fórmula elegida por la Fundación Loewe tiene algo de híbrido: el público puede visitar virtualmente, a través de una página web, una reconstrucción virtual del espacio del Musée des Arts Décoratifs de París en la que aparecen las obras seleccionadas. La entrega de premios, presentada por el actor Josh O’Connor, se ha retransmitido en directo a través de las redes sociales de la casa. Además, al mismo tiempo se ha lanzado The Room, una base de datos que emplea las obras seleccionadas en las distintas ediciones del certamen como punto de partida para mapear la artesanía más contemporánea y experimental del mundo. “Esta es claramente una solución alternativa, porque lo ideal habría sido presentar las obras en el museo, pero tal y como está el mundo es difícil”, concede el diseñador. “El equipo ha trabajado muy duro para encontrar una forma de reflejar la escala de los objetos en su conjunto. Por supuesto, esperamos poder celebrar una exposición en la próxima edición. Pero seguramente emplearemos este formato digital como soporte complementario”.

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Junto a la obra de Fanglu Lin, el Craft Prize ha reconocido también el trabajo del chileno David Corvalán, que ha presentado una escultura de alambre de cobre y resina inspirada en el desierto de Atacama, y del japonés Takayuki Sakiyama, que evoca el movimiento del mar en una delicada escultura de esmalte de arena.

Para Jonathan Anderson, esta iniciativa es “la pieza central de toda la marca, el núcleo, el lugar de donde vienen las ideas”, explica. “Tiene que ver con nuestros valores morales como marca cultural. Es el mayor lujo que tenemos”. El norirlandés llegó en 2013 a la firma española propiedad del gigante del lujo LVMH. Desde entonces, sus esfuerzos se han concentrado en afianzar la identidad de la casa a través de un imaginario que engloba las líneas de moda, complementos, decoración y perfumes. En esa visión, la artesanía adquiere una importancia capital. Y el premio de artesanía que fundó en 2016 es, en cierto modo, el mejor reflejo simbólico de esa intención. “La gente está empezando a comprender lo que nos proponíamos”, responde cuando le preguntamos por la evolución del premio a lo largo de cuatro ediciones. “Creo que lo importante es que queremos seguir añadiendo capas. Nuestro objetivo es crear más contenido en más plataformas para ayudar a los artesanos”.

Jonathan Anderson, director artístico de Loewe y miembro del jurado del Craft Prize.
Jonathan Anderson, director artístico de Loewe y miembro del jurado del Craft Prize.Loewe / Loewe

Asegura Anderson que su visión de la artesanía no ha cambiado esencialmente en los últimos años, pero sí considera que los acontecimientos del último año han propiciado un cambio de actitud en el público. “Estamos empezando a darnos cuenta de que necesitamos lo táctil. Y queremos saber de dónde vienen las cosas. Así que creo que en última instancia hay algo humanista en el hecho de querer entender a las personas que hacen nuestros alimentos, nuestra ropa, nuestra artesanía, nuestro arte. Somos más curiosos que antes. Y eso nos lleva a entendernos a nosotros y a nuestro tiempo”, afirma. Es en esa reflexión donde irrumpe la potencia creativa de la artesanía que, más allá de su valor antropológico o su dificultad técnica, es un lenguaje expresivo. “Los objetos hablan de ti mismo, y eso es lo fundamental en la artesanía. Un objeto es algo tridimensional, es tangible y pasa la prueba del tiempo. La artesanía consiste en tomar algo que no es valioso y convertirlo en algo precioso”.

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