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La causa de la muerte de George Floyd marca el arranque del juicio | Internacional

El caso que reabrió la herida racial en Estados Unidos hace 10 meses con la muerte de George Floyd durante un brutal arresto policial ha comenzado este lunes un nuevo capítulo con el juicio al expolicía Derek Chauvin, acusado de asesinar al afroamericano. La Fiscalía de Minneapolis (Minnesota) puso el acento en el brutal vídeo donde el agente le clava la rodilla en el cuello mientras Floyd está inmovilizado en el suelo y grita que no puede respirar hasta desvanecerse. El abogado de Chauvin defendió que su cliente actuó de manera “razonable” y que Floyd murió debido al consumo de drogas y un delicado estado de salud.

Son escasas las ocasiones en las que un agente de policía enfrenta cualquier tipo de consecuencia legal —y mucho menos una condena— por cometer actos de violencia letal contra detenidos. Para la comunidad afroamericana y los millones de manifestantes que salieron el año pasado a las calles a protestar contra la brutalidad policial tras la muerte de Floyd el 25 de mayo, este juicio va más allá y busca dirimir si Estados Unidos es capaz de rendir cuentas por la sistemática injusticia racial del país. “Chauvin está en el banquillo, pero EE UU está siendo juzgado”, sostuvo en la vigilia previa al juicio el reverendo Al Sharpton, activista de los derechos civiles.

Frente al juzgado del condado de Hennepin, a las 8:46 de la mañana, la familia de George Floyd, su equipo legal y un puñado de activistas hincaron la rodilla por ocho minutos y 46 segundos, los mismos que el agente Chauvin tuvo la rodilla sobre el afroamericano. La simbólica escena ocurrió frente a un tribunal totalmente blindado y protegido por efectivos militares preparados ante posibles disturbios, aunque la ciudad mantenía una aparente calma. “No deberían ser dos sistemas de justicia: uno para los blancos estadounidenses y otro para los negros. Somos uno”, dijo Philonise Floyd, hermano del fallecido. “Ha habido vídeos antes y no nos dieron justicia. Tienen la oportunidad de hacerlo bien”, agregó Sharpton ante más periodistas que manifestantes.

Chauvin, de 45 años, se enfrenta a los cargos por asesinato en segundo y tercer grado y homicidio involuntario, por los que puede ser condenado hasta a 41 años de cárcel. El abogado del acusado, Eric Nelson, remarcó que “no hay ninguna causa política o social” en el juicio, y que la evidencia de las pruebas va “mucho más allá” del vídeo que dio la vuelta al mundo. La defensa del exagente afirmó que Floyd se desmayó en el coche antes de que apareciera la policía y que en los vídeos que se presentarán a lo largo del juicio —que durará unas cuatro semanas— quedará en evidencia que Floyd estaba bajo altas dosis de droga y murió producto de una arritmia cardíaca. Chauvin “estaba haciendo exactamente lo que había sido capacitado para hacer durante el transcurso de sus 19 años de carrera”, sostuvo Nelson.

El millonario acuerdo alcanzado el pasado día 12 entre las autoridades de Minneapolis y la familia de Floyd, que recibirá 27 millones de dólares para evitar llevar a juicio la demanda civil contra la ciudad, hace difícil mantener la presunción de inocencia del exagente en el juicio.

El informe del médico forense concluyó que la muerte de Floyd fue un homicidio producto de un “fallo cardiopulmonar” por complicaciones debido a la actuación de la policía y “la compresión del cuello”. El documento incluye la intoxicación por fentanilo y el uso reciente de metanfetamina como factores que determinaban “otras condiciones importantes” de Floyd, pero no en la “causa de muerte”. La Fiscalía confirmó la adicción de Floyd a los opioides, pero descartó que el fallecimiento fuera producto de una sobredosis.

En todo caso, el vídeo de la agonía de Floyd, que tenía 46 años, es una poderosa arma a favor de la Fiscalía. A la media hora de que arrancara la sesión, el jurado, Chauvin, y los presentes en la sala vieron la grabación de 9 minutos y 29 segundos. Escucharon las 27 veces que Floyd alegó que no podía respirar, cómo llamaba a su difunta madre y pedía subirse al coche policial hasta que perdió la consciencia. “Se acabó”, se le oye decir. No será la única vez que se vea el vídeo en el tribunal. “Crean lo que ven sus ojos, eso es un asesinato”, le dijo el fiscal Blackwell a los 14 miembros del jurado que deben decidir si el hoy exagente Chauvin es culpable o no de la muerte de Floyd.

El fiscal Blackwell explicó que Floyd estuvo 4:44 minutos sin respirar con la rodilla de Chauvin sobre su cuello, que no abandonó su postura ni siquiera “cuando llegaron los paramédicos”. La defensa del expolicía presentará un vídeo en el que se ve al afroamericano balanceándose hacia adelante y hacia atrás antes de inmovilizarlo, para justificar la fuerza utilizada por el acusado. “No fue una lucha fácil”, dijo el abogado del exagente.

El lugar donde ocurrió la detención de George Floyd ha adoptado popularmente su nombre. Esta mañana ha habido quienes se han acercado a la plaza en la que ramos de flores, carteles y velas mantienen viva la memoria del afroamericano. En el barrio sureño de Minneapolis, convertido en símbolo de la resistencia, la hija de seis años de Floyd dijo tras su muerte: “Papá cambió el mundo”.

Una testigo: “me puedes llamar soplona”

Jena Scurry, operadora del servicio de emergencias 911, ha sido la primera testigo en subir este lunes al estrado. Ella siguió la detención de Floyd en directo a través de una cámara de vigilancia y consideró que el uso de la fuerza que se estaba ejerciendo durante el arresto era tan excesivo que llamó a un supervisor. “Puede llamarme soplona si quiere”, dijo antes de asegurar que “todos los agentes se sentaron” sobre Floyd, en relación no solo a Derek Chauvin, el antiguo policía acusado de asesinato y homicidio, sino también los tres agentes que lo acompañaban, que están acusados de complicidad. Scurry sostuvo que la detención se prolongó tanto rato que se llegó a preguntar si el vídeo se había congelado.

“Mis instintos me decían que algo andaba mal”, afirmó la operadora. Como recalcó el fiscal, Scurry hizo algo que no había hecho nunca en toda su carrera y claramente inusual: “la policía llamó a la policía”. Por la pandemia solo hay dos asientos reservados al público, uno para cada una de las partes. Mientras el de la familia Floyd ha estado ocupado por su hermano, Philonise, el de Chauvin se ha mantenido vacío.

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