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La inestabilidad sacude a los dos grandes bancos de desarrollo latinoamericanos en el peor momento para la región | Economía

El expresidente de CAF, Luis Carranza, en octubre del año pasado.Altea Tejido / EFE

Con la pandemia zarandeando aún a las principales economías latinoamericanas, los dos mayores bancos de desarrollo del bloque —el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la CAF— atraviesan estos días sendos procesos de convulsión interna que amenazan con complicar su acción cuando más lo necesita el bloque: justo cuando la recuperación empieza a asomar en el horizonte tras meses de dura recesión, ambos organismos han entrado en zona de convulsión.

El último en adentrarse en el ojo del huracán es la CAF. La dimisión de Luis Carranza como presidente, el martes pasado, tras una cascada de denuncias de acoso y abuso de poder, ha llevado al segundo mayor banco de desarrollo del continente a un punto muerto. El propio funcionario peruano seguirá —incómodamente— al frente de la institución durante un mes más, hasta que se le encuentre relevo. Y, en ese periodo, el organismo tendrá que seguir adelante con un proceso de recapitalización que ya tenía parcialmente recorrido y tendrá que buscar el mejor momento para pedir la luz verde definitiva de sus Estados miembros.

Antes había sido el turno del BID. La elección en septiembre del año pasado de Mauricio Claver-Carone como presidente, con el respaldo de la Administración Trump, ha obligado a la institución a operar con una pesada losa como equipaje. La imposición del entonces inquilino de la Casa Blanca, que colocó a uno de sus fieles al frente de la institución, abrió una enorme brecha con varios países de la región: se rompía la regla no escrita que dice que el puesto de primer ejecutivo queda reservado para un latinoamericano. La institución quedó entonces sumida en una convulsión de la que, según subrayan varias fuentes consultadas por este diario, aún no se ha repuesto.

“En el BID todo sigue muy revuelto y la inercia no es la deseable”, apunta un ex alto funcionario del organismo, que cree que en el corto plazo, incluso con ese mar de fondo la burocracia “se acaba imponiendo” y la ejecución de los proyectos continuará sin grandes cambios. Donde sí cambian las cosas, y mucho, desliza bajo condición de anonimato, es en una faceta mucho menos tangible pero igualmente importante: el “liderazgo intelectual”, apunta en referencia al papel que debe jugar el banco más allá de lo puramente financiero. “Asesoría a los Gobiernos, luces largas y mirada de largo plazo”, explica.

En el funcionamiento del día, concuerda Stephany Griffith-Jones, profesora de la Universidad de Columbia especializada en banca de desarrollo, “quizá la inestabilidad no tenga tanto impacto: los mecanismos de aprobación de los créditos son los mismos por ejemplo. Pero sí en las grandes líneas: para responder a la pandemia el BID necesita, sobre todo, una gran ampliación de capital y el hecho de que el Claver-Carone no tenga ninguna sintonía con la Administración Biden, a pesar de haber sido designado por EE UU, es muy preocupante”.

Vacío de liderazgo

América Latina necesita del músculo financiero de sus dos grandes bancos de desarrollo para poder afrontar lo que está por venir en los próximos meses: los tambores de inflación en la primera potencia mundial, todavía sin concretar, han tensado los mercados financieros y el capital invertido en los emergentes es siempre el primero en saltar. “Es trágico que en un momento de crisis tan grave como este enfrentamos estas dificultades en los dos grandes bancos de desarrollo”, apunta Christopher Sabatini, especialista en América Latina del think tank británico Chatham House. “Uno está liderado por alguien que no es de consenso y que no tiene experiencia ni credibilidad en los asuntos técnicos, y justo ahora el segundo se queda sin presidente. Es un reflejo más del gran vacío de liderazgo que hay en la región”. El doble embrollo esconde, además, una paradoja: “La salida de Carranza puede reforzar a Claver-Carone a medio plazo”, desliza. “¿Por qué? Porque sería muy riesgoso y dañino debilitar aún más al BID y no afrontar su recapitalización urgentemente”.

“La incapacidad de ambas para aportar una respuesta cohesiva frente a la covid es muy decepcionante. Y el desorden [interno] en estas instituciones no es más que el desorden de toda la región”, apunta por correo electrónico Thomas Shannon, número dos del Departamento de Estado de EE UU en tiempos de Barack Obama y uno de los mejores conocedores de América Latina en el país norteamericano. “Los dirigentes que llevaron una agenda política de polarización a ambas instituciones no han sido capaces de construir una respuesta de consenso a la pandemia”. Y los resultados de su elección, dice, quedan ahora patentes.

”Hay una total ausencia de políticas verdaderamente contracíclicas, y sus problemas internos no van a ayudar a cambiar el rumbo”, dice Francisco Suárez Dávila, ex subsecretario mexicano de Hacienda y ex representante de México ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). “Y el BID, en particular, está paralizado por los problemas de gobernanza interna: la única forma de resolver esto sería regresar a la normalidad anterior a Trump, con un latinoamericano como presidente y un estadounidense como vicepresidente fuerte”. A la “inestabilidad interna” en estos organismos se suma, en palabras de Juan Carlos Moreno Brid, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que los Gobiernos del bloque no están aprovechando los resortes que ofrecen estos bancos de desarrollo. “No están tocando a golpes su puerta, y eso es un problema”, enfatiza.

La importancia de estos organismos no debe ser subestimada en momentos tan difíciles como estos, apunta Federico Poli, consultor independiente y hasta hace un año director del BID para Argentina. “Los bancos multilaterales han sido los instrumentos de integración económica más efectivos para la región”, opina. Poli recuerda el sistema de redes eléctricas que actualmente conectan a los seis países centroamericanos como un ejemplo del éxito que representan los bancos multilaterales. Esta red permite que si un país pierde generación de electricidad, otro país pueda proveerla de manera rápida. La idea originó en 1987, pero no se concretó hasta 2014 y solo fue posible gracias al financiamiento mayoritario de 377,5 millones de dólares del BID, la CAF y el Banco Centroamericano de Integración Económica —este último, de mucho menor tamaño—. “Quién mejor que uno de estos multilaterales para financiar un puente, la infraestructura de un paso fronterizo o carreteras que trascienden dos países”, dice.

Tormenta política

Navegar en un contexto de permanente tormenta política ha sido parte importante del devenir reciente de ambas instituciones. Un tema espinoso para la CAF, por ejemplo, es el hecho de que su base está en Caracas a pesar de que los Gobiernos de la mayoría de los miembros han reconocido a Juan Guaidó como presidente de Venezuela y no a Nicolás Maduro. Una de las quejas documentadas en cartas de ex empleados es que Carranza cambió la sede, de manera unilateral, a Perú. “Indudablemente, visto desde afuera, es un tema por resolver”, opina Poli, “porque las condiciones en Venezuela, un país que vive una crisis humanitaria, social y política hacen difícil el funcionamiento de cualquier organismo”.

El propio Carranza, quien anunció su renuncia del CAF en una carta en la que no aborda las quejas puntuales en contra de su administración, lamentó “el interés de politizar la actuación” de la corporación y acusó a miembros de Argentina de presionarlo para nombrar a un puesto a alguien que no reunía las condiciones.

Sandra Borda, profesora de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, achaca parte de las turbulencias que sacuden a ambos bancos de desarrollo a “la polarización que está atravesando la región”. “Hasta hace poco”, desgrana al otro lado del teléfono, “en América Latina teníamos dos tipos de organizaciones: unas totalmente políticas y otras técnicas. Pero esa división ha desaparecido, sometiéndose a todas ellas a los mismos grados de tensión. Y cuando uno rompe ese equilibrio, se le quita mucha estabilidad”. En el caso del BID y en la CAF, lo que más le preocupa es que su convulsión interna acabe dando una oportunidad más para que China cubra los huecos que ambas instituciones “no están sabiendo cubrir”, reduciendo aún más la autonomía de la región.

Falta de confianza

Pese a que la convulsión interna en ambos organismos coincide en el tiempo, Paz Milet, profesora del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, aboga por separar ambos casos. “En el BID sigue habiendo grandes diferencias internas y el perfil del nuevo presidente, una persona que no viene del mundo financiero y no tiene ninguna experiencia en esto, no ayuda. La duda ahora es cómo se va a posicionar Joe Biden”, apunta. Sobre la CAF, Milet apuesta por un sucesor de Carranza con mayor peso político que el peruano, que en su currículum solo tenía dos años como ministro de Finanzas de su país y varios como analista de banca. “Sobre todo en un contexto de crisis como este, se necesita una figura que logre superar las discrepancias internas”.

“Ambos bancos debieran invertir en el tema de gobernanza, porque precisamente constituyen elementos fundamentales para reducir el nivel de riesgo político, que es muy alto en América Latina”, cierra Daniel Zovatto, director regional para América Latina y el Caribe de IDEA Internacional. Nunca estuvieron tan lejos de poder aportar su granito de arena.

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