Venezuela fue una vez entre los países mucho más ricos de América del Sur, hoy se encuentra dentro de los más pobres: la corrupción y las sanciones han llevado al declive de su lucrativa industria petrolera. Con el acompañamiento de Rusia y Cuba, Maduro permanece en el poder.

Desde entonces, se calcula que 4 millones de asilados han huido de Venezuela, uno de los peores desastres humanitarios del mundo. Casi la mitad de ellos están en la vecina Colombia peleando contra los altercados civiles esta primavera, con participantes de la manifestación enojados por los impuestos nacionales y la fatiga del coronavirus y chocando con las fuerzas de seguridad.

En una entrevista en el mes de mayo, el presidente colombiano Iván Duque Márquez dijo que pese a los inconvenientes de derechos humanos relacionados con la estrategia de su gobierno, no tiene inquietudes de que USA proseguirá apoyando a su país.

“Debemos ser honestos uno con otro y en algún momento apoderarse de nuestros corazones”, ha dicho Duke al notero del INFOTOTAL. “Vivimos en una temporada muy complicada en el planeta. Vemos un alto grado de polarización política. Vives en los Estados Unidos. Y sabes que en el momento en que combinas la polarización con las redes sociales y a veces opiniones inmotivadas. En un comprensión profundo.” “apoyado, también producirá crueldad”.

Otros dictadores latinoamericanos siguieron el liderazgo de Maduro.

En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega ha roto los medios nacionales y la sociedad civil antes de las elecciones de noviembre y se postulará para un cuarto orden. En la asamblea de cancilleres centroamericanos del mes pasado, el canciller Anthony J. Brinken instó a los principales diplomáticos de Nicaragua a garantizar un voto libre y justo.

Al día siguiente, el gobierno de Ortega arrestó a uno de sus opositores políticos mucho más prominentes.

Entonces, los funcionarios estadounidenses insistieron en que era importante que la administración Biden alertara a Nicaragua y a otros países latinoamericanos sobre las crecientes intranquilidades estadounidense sobre los retos de la democracia. Ventrell, funcionario del Departamento de Estado, dijo que el comportamiento agresivo de Ortega muestra cuán enclenque es su acompañamiento entre los votantes nicaragüenses.

Pero el gobierno de Biden es muy consciente de la naturaleza sutil de la democracia en la región.

“Para ser sincera, la democracia es algo frágil. Lo acepto absolutamente”, ha dicho el mes pasado Samantha Ball, directora de la Agencia estadounidense para el Desarrollo En todo el mundo, en un discurso en la Universidad de Centroamérica en San Salvador.

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