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Los israelíes se desentienden de las urnas tras cuatro elecciones en dos años | Internacional

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, besaba a su esposa, Sara, tras votar el martes en Jerusalén.RONEN ZVULUN / PISCINA / EFE

Los centros comerciales están abarrotados este martes, jornada semifestiva en Israel, y los colegios electorales casi vacíos. Los votantes parecen haberse desentendido de las urnas tras cuatro comicios legislativos en menos de dos años. A cuatro horas del cierre de los colegios a las 22.00 (las 21.00 hora peninsular española) había votado el 51,5% del censo, casi cinco puntos menos que las legislativas celebradas hace ahora un año. Rápido de reflejos, el primer ministro Benjamín Netanyahu agarró un megáfono y se situó en lo más alto de una centro comercial del área de Tel Aviv para movilizar a sus partidarios. “Todos los que estén aquí y aún no hayan ido a votar, que salgan y vayan a votar al Likud. Dos escaños más y formamos un Gobierno fuerte de derechas”, tronó con un taco de papeletas de su partido conservador en la mano.

En el colegio público Hanishui, en el centro de Jerusalén, los miembros de las mesas electorales bostezaban al mediodía tras las mamparas de cartón y metacrilato que les separan de los votantes. “Esperamos que se anime un poco más esta tarde, hasta ahora ha estado muy floja la participación”, reconocía el presidente de mesa Itamar Shalev, técnico comercial de 29 años. Ante él acababa de depositar su sufragio el músico Nimrod Halevi, de 27 años. “Estamos aburridos de tanto votar”, decía pesimista con la guitarra enfundada a la espalda. “He votado para que cambien las cosas, pero me temo que todo va a seguir igual”, se despedía el joven tras revelar que su voto había sido para el partido Meretz (izquierda pacifista), al que los sondeos auguran que puede quedar fuera de la Kneset (Parlamento) por no superar el umbral mínimo del 3,25% de los votos nacionales.

Hasta cuatro partidos presentes en la Cámara pueden quedar bajo el listón de corte, según los sondeos, incluida la alianza centrista Azul y Blanco del ministro de Defensa, Benny Gantz. Hace un año, en los terceros comicios de la serie, era el líder de la oposición que retaba cara a cara a Netanyahu. La baja participación puede beneficiarles, al reducir el coste en votos por escaño en un sistema ultraproporcional y de colegio nacional.

La Comisión Central Electoral ha doblado el número de mesas en algunos colegios, como el Hanishui de Jerusalén, que ocupaba la pista polideportiva y el gimnasio del centro. “Entran a votar uno a uno, con mascarilla obligatoria y con gel a su alcance. Los miembros de las mesas están separados y apenas hay contacto con los electores”, explica Eva Levy, de 19 años, que cumple el servicio militar y ha sido enviada a reforzar el personal de los centros de votación. Yusef Sharif, de 47 años, llega en una silla de ruedas acompañado por su esposa cubierta por el velo islámico. “He votado por la Lista Conjunta árabe, aunque no creo que vaya a contribuir a un Gobierno alternativo. La sociedad judía aún no está preparada para una coalición con los partidos árabes israelíes”, lamenta.

La participación en las zonas árabes del norte del país también estaba cayendo, según el diario Haaretz, mientras crecía entre los beduinos del sur, cuyo partido más representativo –Lista Árabe (Raam) ha roto con la Lista Conjunta tras recibir de Netanyahu promesas de inversiones públicas para sus comunidades. En contra de lo habitual en anteriores comicios, la prensa hebrea no informó de incidentes en los colegios electorales de mayoría árabe.

La abstención parecía crecer en una jornada electoral en la que nunca había sido tan fácil votar. Se instalaron urnas atendidas por personas con equipo de protección en los hoteles donde se someten a cuarentena las personas contagiadas, así como en las plantas habilitadas para la pandemia de hospitales y en carpas al aire libre para votantes infectados. Más de 20.000 policías se desplegaron para garantizar la seguridad de los comicios. Agentes de paisano vigilaban en torno a los colegios para prevenir fraudes habituales como el voto de personas ausentes del país, ingresadas en hospitales o fallecidas.

La presidenta de la Comisión Electoral Central, Orly Ades, ha advertido al inicio de la jornada electoral de que los resultados oficiales se harán públicos antes del inicio de la festividad del sabbat, a primera hora de la tarde del viernes. Sin embargo, los medios informativos israelíes confían en que se difundan resultados fiables en la mañana de este miércoles.

Desde sectores de la derecha gubernamental se han aireado acusaciones de fraude que hacen temer una reacción popular de los partidarios de Netanyahu si pierde las legislativas. “El escrutinio de los votos va a ser muy complejo, ya que hay que examinar los sobres dobles (de votantes en embajadas y de militares y marinos) que afectan ahora también a los infectados por coronavirus”, precisó a la radio estatal la responsable del conteo. “Necesitamos tener nervios de acero. Tenemos que lidiar con los persistentes intentos de sembrar dudas sobre la credibilidad de esta Comisión y de sus miembros”, reconoció.

Un cohete disparado desde la franja de Gaza cayó al anochecer en un descampado cerca de la ciudad de Beersheva (sur), donde Netanyahu se encontraba en ese momento en un acto de campaña. Según informó un portavoz del Ejército, el proyectil no causó daños personales ni materiales.

Los cuartos comicios llegan en medio del retorno a la normalidad en Israel tras un año de pandemia. El éxito de la campaña de vacunación, con más de la mitad de los ciudadanos inmunizados, es el principal activo en el haber del primer ministro, a pesar de que su proceso por corrupción le obligará a sentarse de nuevo en el banquillo de un tribunal el mes que viene.

Los últimos sondeos publicados asignan 30 diputados en la Kneset (Parlamento de 120 escaños) al Likud. Pero ni con sus aliados ultraortodoxos y de extrema derecha alcanzaba a sumar la mayoría absoluta, única opción que deja la ley electoral en Israel para la investidura como jefe del Ejecutivo. El sistema ultraproporcional que rige en las legislativas —una fragmentación de la Cámara en hasta 14 partidos con un mínimo de cuatro diputados— convierte en un rompecabezas la formación de una coalición gubernamental.

En el bloque alternativo, el partido centrista Yesh Atid se sitúa con 20 escaños previstos al frente de una nebulosa de fuerzas de oposición. Dirigido por el periodista Yair Lapid, el centroizquierda cuenta la laborista Merav Michaeli y el pacifista Nitzan Horowitz (Meretz).

Mientras que la derecha más extrema del Partido Religioso Sionista —en cuya lista figuran los herederos políticos de una fuerza judía antiárabe ilegalizada— parece tener garantizada la presencia en la Cámara, la clave de estos comicios se sitúa además en la fragmentación de la derecha, que no se presenta en un bloque monolítico en torno al Likud. Tres antiguos escuderos del primer ministro, que fueron jefes de su gabinete interno y ministros en departamentos de peso, le han ido abandonando en los últimos años.

Primero fue el populista Avigdor Lieberman (Israel Nuestra Casa) quien rompió con el primer ministro y le forzó a repetir los comicios por primera vez en 2019. Después se desmarcó en las segundas legislativas el radical de derechas Netftali Bennett (Yamina), y tras las terceras salió del Likud el conservador Gideon Saar (Nueva Esperanza), quien se había atrevido a retar en unas primarias internas al líder del partido.

Tanto Lieberman como Saar aseguran haber quemado sus naves para no volver a pactar con el actual jefe de Gobierno. En principio, solo tienen la opción de sumarse al centroizquierda contra su antiguo mentor. Bennett, sin embargo, sigue ambiguo, aunque ha excluido un acuso con el centrista Lapid.

Los partidos árabes, que representan a una quinta parte de la población israelí, no han acudido unidos. Lista Árabe (Raam), una fuerza islamista conservadora, se mantiene indecisa, mientas La Lista Conjunta árabe apoyará al bloque opositor.

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