Desde la izquierda, Carlos González, Pablo Soto y Pedro Javier Sáez, fundadores de Neosentec.Manuel Cernuda

Vieron un recorte de prensa colgado en el tablón de la facultad y pensaron que su protagonista era el compañero que les faltaba para apuntalar el proyecto. Los ingenieros informáticos Pedro Javier Sáez y Carlos González daban los primeros pasos con su puesta en marcha de realidad aumentada y se toparon con que un tercer titulado, Pablo Soto, asturiano como ellos, acababa de crear un asistente de voz que ayudaba a personas ciegas a moverse por Oviedo. Lazzus, como se llamaba este guía, atacaba un nicho de mercado que les pareció interesante. Pensaron que si el registro de los obstáculos se hacía con unas gafas inteligentes, y no con la cámara del móvil alzada continuamente al frente por el usuario, este ganaría en autonomía.

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De ahí que propusieran unir fuerzas a Soto, que recogió el guante. Siete años después, y pese a que aquel primer propósito no llegara a término, la empresa, Neosentec, “ha evolucionado y se ha especializado dentro de un mercado muy incipiente”, cuentan Sáez y González. De ofrecer aplicaciones como Lazzus y tareas a medida han ido virando hasta facilitar que sus clientes construyan de forma autónoma sus propias experiencias inmersivas, “un servicio que prestan en el mundo apenas un puñado de compañías”. Hacen, concreta Sáez, “lo que WordPress con las páginas web”. Igual que el gestor de contenidos estadounidense permite a sus usuarios diseñar un portal digital sin requerirles conocimientos de programación, Neosentec facilita que el cliente de un restaurante o el operario de una fábrica vean en 3D a través del móvil los platos de la carta o el interior de una línea de producción sin necesidad de intermediarios.

Ambos acceden a las respectivas experiencias a través de Onirix, un programa informático de desarrollo propio, disponible también en aplicación, que tiene como clientes a empresas industriales y agencias de comunicación. Entre las primeras se cuentan Red Eléctrica Española, Thyssenkrupp, Airbus y Unilever, que encuentran en la plataforma una herramienta para proporcionar a sus empleados o a quienes están a cargo de la supervisión o el mantenimiento de sus productos o servicios la información que necesitan en su desempeño diario. En el caso de Thyssenkrupp, por ejemplo, Onirix permite al operario que ha de reparar una cinta transportadora instalada por la compañía en un aeropuerto saber dónde está la avería con solo levantar el móvil y escanear el sistema. “Esto es posible porque, previamente, cada empresa ha integrado gráficamente algunos de sus procesos en una nube de puntos generada por nuestra plataforma”, explica Sáez.

De los 270.000 euros que facturaron en 2020, el 80% procede de contratos con empresas industriales. El restante 20% es de acuerdos con agencias de comunicación digital que desean ofrecer a sus clientes servicios de realidad aumentada. Tienen un modelo de negocio basado en la recurrencia. “Nuestra cuota anual básica es de 3.200 euros, pero en la práctica esta cantidad es muy variable. Depende de las plantas en las que se integra el software y, en los casos en que hay un usuario final, del número de visualizaciones realizadas”, revela González.

Neosentec cuenta con 10 empleados, tiene su sede en el Parque Tecnológico de Asturias y ya ha alcanzado el umbral de rentabilidad. De hecho, González afirma que “al actual ritmo de facturación y costes”, este año deberían obtener unas ganancias de 100.000 euros. La empresa se ha financiado gracias a 700.000 euros en aportes públicos y privados. El CDTI, a través de su programa para la consolidación de empresas tecnológicas Neotec, les concedió 200.000 euros a fondo perdido en 2018. También han recibido apoyo económico de una sociedad participada por el Principado, varios inversores del foro IESE y el exjefe de innovación de Banco Santander José María Fuster. Sin embargo, González cree que “el elemento determinante” en el despegue ha sido “el respaldo de las políticas públicas, en especial de las autonómicas” a la industria 4.0.

Ahora están centrados en mejorar su tecnología. En particular, aspiran a que su capacidad de reconocimiento espacial esté disponible sin conexión, algo que les permitiría obtener otro perfil de cliente y, en paralelo, dejar de depender de Microsoft para localizar los entornos que escanean.

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