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Nuestra vieja liturgia | Mirador

Obtenga la vacuna Covid en México.José Luis González / Reuters

A los mexicanos les gustan bastante los rituales. Cada generación, cada segmento de la población y cada zona del país tiene sus propias conexiones y ha desarrollado conexiones pasmosas con ellas que merecen ser destacadas en cualquier investigación en psicología social. Varios de estos rituales son únicos y se ven increíbles si jamás los hacemos, pero tenemos la posibilidad de tener certeza de que tal vez alguien que esté a unos pasos de distancia no los extrañará por culpa del mundo. Por otro lado, absolutamente nadie puede confirmarnos que el nuestro sea mejor. Somos extraños para los demás.

Mencionó que algunos de estos rituales son peculiares y una observación rápida basta para confundir. Por poner un ejemplo, ¿qué magnetismo impulsa a cientos de miles (si no millones) de mexicanos a pasar todas las tardes de fin de semana paseando por los centros comerciales y viendo los escaparates llenos de productos que no pueden pagar ni alcanzar? ¿Bolso? ¿Qué poder ritual los hace volver, incluso si no tienen dinero para comprar algo mucho más costoso que un helado, si es que lo hacen por el hecho de que la economía ya no es buena? El presidente dirá que debido a que aspiramos a ser la clase media, no logramos hallar la felicidad y el sentido de la vida con sólo quedarnos en el hogar y mirar la pared. En cuanto a mí, creo que la gente están en su derecho a ver cualquier producto que les agrade, aun si jamás tienen la posibilidad de adquirirlo. De todos modos, lo único enigmático para mí es que en este caso un individuo sale a lo largo de la pandemia a ver escaparates y comer helado, arriesgándose en balde a contagiarse. O poquísimo.

Concretamente, el Covid-19 ha transformado muchas prácticas aproximadamente lógicas y también incontrovertibles en un deporte extremo y peligroso. No obstante, durante prácticamente un año y medio, la mayoría de las ocupaciones en las salas, academias y universidades de este país se llevaron a cabo de forma virtual y recóndita. La gente organiza y organiza viajes de graduación y viajes de graduación. No es suficiente. Es raro. ¿Todos y cada uno de los seres vivos están inficionados con el coronavirus? Temo que el problema reside en otro ritual que los mexicanos proseguimos fielmente: se enfoca solo en la una parte de la información que nos es más útil. Entre el inicio del calor y el progreso de la vacunación, el número de casos y muertes cayó drásticamente hace unas semanas, y con los «semáforos» encendidos en la mayoría del país, los gobernantes de la campaña fueron liberados si la gente hacía su Con independencia de las exigencias de los reportes médicos, no pierda la supervisión, la confianza y la atención ante el desarrollo de la epidemia y organice con entusiasmo muchos años de festividades y feriados. a ???? Variaciones delta â ???? viral. Pero las ganas de divertirnos son mayores y estamos medio abrumados por la tercera ola.

Y en este momento, desgraciadamente, vamos a ver a cientos de personas destinadas a aceptar el otro ritual mucho más perturbador del país: quejarse. La gente se queja con razón del maltrato de la información y de la monotonía de la pelea oficial contra la pandemia a nivel federal y estatal. Se quejaba de que los vecinos iban al centro comercial, organizaban fiestas locas o enviaban a los niños a la playa para celebrar su graduación de la escuela secundaria cuando le recordaban que él asimismo se encontraba fuera. centro comercialTambién organizaba asambleas, enviaba a sus hijos de viaje y decía: “Eso es todo, nos encontramos todos encerrados. Porque en todo México hay más seguidores de los rituales de lavado de manos que cualquier religión o club de fútbol.

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