La durísima campaña madrileña ha dejado en segundo plano el que fuera el asunto central de la política española en las primeras semanas del año: la estabilidad de la coalición y las batallas internas en el Ejecutivo. Sin embargo, esta es una cuestión central que sigue preocupando en el Gobierno. Esta semana se han producido novedades importantes. Tanto el PSOE, a través de su líder, Pedro Sánchez, como Unidas Podemos, con su nueva cara visible en el Ejecutivo, la vicepresidenta Yolanda Díaz, han lanzado mensajes muy claros, tanto internos como externos, de que ahora se van a dedicar a “cuidar” la coalición para reducir las fricciones y buscar un equilibrio que les permita incluso agotar la legislatura, algo que los dos grupos ven como beneficioso.

El PNV, un grupo siempre bien informado, apuesta por un adelanto electoral en 2022. Pero tanto Sánchez como Díaz han dado muestras esta semana de que ellos trabajan para alejar ese escenario. Varios ministros consultados percibieron con claridad estos mensajes en la reunión del Gabinete del martes, donde se estrenó Yolanda Díaz como máxima representante de Unidas Podemos tras la salida de Pablo Iglesias para ser cabeza de cartel de la formación en la Comunidad de Madrid.

“Mi principal objetivo será cuidar la coalición. El PSOE y Unidas Podemos somos dos vectores en la misma dirección, que suman sus fuerzas”, señaló Díaz en ese Consejo de Ministros apelando a la física, según varios de los presentes. La idea que defendió Díaz, y que después también ha trasladado en público en una entrevista en eldiario.es, es que los dos partidos piensan diferente en cuestiones muy relevantes —ahora mismo hay varias discusiones clave abiertas en ley de vivienda, reforma laboral, pensiones, ley trans y muchas más— y es normal que sea así, pero tienen que llegar a acuerdos y sobre todo tratar de rebajar la tensión interna porque es lo que los ciudadanos progresistas que apoyaron a la coalición están reclamando.

Sánchez escuchó con interés el discurso de Díaz y se sumó a esta idea. Varios ministros socialistas consultados se llevaron la impresión de que la nueva vicepresidenta, una negociadora durísima que algunos de ellos conocen bien, en especial los del área económica, llega al puesto con la intención de tejer algunas de las costuras de la coalición rotas en los últimos meses. Estos ministros socialistas señalan que Díaz dijo las dos cosas, por un lado que cuidaría la coalición y por otro que tendrían una posición fuerte en la defensa del acuerdo de Gobierno, que es lo que siempre reivindica Unidas Podemos.

Ahí es donde algunos en el PSOE quieren esperar a ver cómo funciona la negociación con Díaz y qué papel real tiene Pablo Iglesias en ella ahora que está fuera del Ejecutivo. En el PSOE genera mucha inquietud la posición de Ione Belarra, ahora ascendida a ministra, y que es la dirigente, con Irene Montero, que ha tenido choques más duros en privado e incluso en público en todas las negociaciones en las que ha participado, que han sido varias. Belarra llevaba toda la coordinación con el socialista Félix Bolaños, hombre clave del entorno de Sánchez, y ahora todo se tiene que reorganizar.

Sánchez también está volcado en esta idea de que la coalición tiene que durar y hay que tratar de rebajar la tensión interna. Y también lo ha hablado con Iglesias y ahora lo hará con Díaz. De hecho, en la campaña madrileña hay una especie de reparto de papeles entre el candidato de Unidas Podemos y el del PSOE, Ángel Gabilondo, que según varios dirigentes está mucho más hablada de lo que podría parecer. Mientras la campaña catalana alentó las tensiones entre el PSOE y Unidas Podemos, en especial con el asunto de vivienda en primer plano, esta vez la madrileña no parece centrarse ahí, sino en la batalla de ambos, con distintas líneas, para movilizar votos progresistas frente a la candidata popular, Isabel Díaz Ayuso.

El reajuste de la coalición con la salida de Iglesias del Ejecutivo parece pues encaminarse a reforzarla, aunque nadie se acaba de fiar hasta que no pasen las elecciones madrileñas y se recomponga el escenario. Y es ahí donde tanto Sánchez como Díaz e Iglesias parecen tener claro el objetivo: lograr que el resultado, sea cual sea, no afecte al Gobierno. El Ejecutivo trabaja para sacar el máximo partido al fondo de reconstrucción —esta semana Sánchez presenta las líneas maestras del plan de reformas que enviará a Bruselas— y a los Presupuestos.

Aunque el PP lograra un gran éxito en Madrid, como auguran algunas encuestas, Sánchez y Díaz parecen decididos a mantener unida la coalición y a tratar de rebajar la tensión para garantizar una estabilidad que creen que beneficia a todos, no solo a los ciudadanos y al ambiente económico para iniciar la recuperación, sino también a los dos grupos políticos. Ambos tendrán más tiempo para desarrollar su programa y llegar a las elecciones en un momento económico mejor y con unos resultados más positivos.

Sánchez no cree que un éxito de Díaz Ayuso en Madrid pueda servir para reforzar a la oposición y reagrupar a la derecha alrededor de Pablo Casado. Al revés, en La Moncloa creen que un gran resultado de la candidata del PP es un problema para Casado porque debilita su liderazgo interno y además le fuerza a derechizarse, porque dependerá aún más de Vox. Todo camina pues, o al menos así lo ven en el PSOE y Unidas Podemos, a consolidar la legislatura.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You cannot copy content of this page