El Gobierno de Jordania ha acusado este domingo al antiguo príncipe heredero Hamzah bin Hussein, hermanastro del rey Abdalá II, de conspirar con fuerzas extranjeras contra el monarca y la estabilidad del país. Después de que la cúpula del Ejército le responsabilizara el sábado de estar involucrado en una trama contra la seguridad del Estado, el viceprimer ministro, Ayman Safadi, asegura ahora que han sido interceptadas “comunicaciones de Hamzah con una agencia de inteligencia extranjera sobre planes para desestabilizar Jordania”.

Como casi todo en la corte hachemí, el contragolpe preventivo organizado por la mujabarat, servicio de inteligencia, durante el fin de semana tiene un fondo de telenovela. Jordania ha saltado del rosa del papel cuché al claroscuro que rodea las intentonas golpistas. Sin apenas precedentes en la apacible Amán, la redada “por razones de seguridad y amenaza a la estabilidad del país” llevó a que se hayan visto arrastrados hasta los calabozos y salas de interrogatorio Sharif Hasan bin Zaid, también perteneciente a la realeza, y Bassem Awadallah, antiguo jefe de la Casa Real, exasesor del monarca y exministro de Finanzas, así como una veintena de sospechosos no identificados, entre jefes tribales beduinos y miembros de las fuerzas de seguridad. El príncipe Hamzah, de 41 años, fue apartado de la línea dinástica en 2004, cuando el rey Abdalá, de 59 años, designó a su primogénito, el príncipe Hussein, de 26 años, como su sucesor.

“Las investigaciones iniciales muestran que sus actividades y movimientos habían alcanzado un nivel que comprometía la seguridad y la estabilidad del Estado”, destacó el viceprimer ministro, citado por la agencia estatal de noticias Petra. Los contactos intervenidos indicaban, de acuerdo con la misma fuente, que la esposa del príncipe heredero había coordinado con una agencia de espionaje extranjera (sin que se haya revelado el país al que pertenece) un vuelo de salida del país para la pareja y sus hijos. El diario israelí Maariv informó este domingo de que entre los detenidos en la operación de seguridad en Amán figuraba el exagente del Mosad (espionaje exterior) Roy Shpushik, quien presuntamente estaba organizando el vuelo de salida del país.

El monarca hachemí decidió finalmente que lo mejor era resolver el embrollo como un asunto de familia. “Se habló directamente con el príncipe Hamzah para prevenir que fuera manipulado (por terceros)”, justificó Safadi por la visita que efectuó el sábado el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas al palacio del exheredero del trono en Amán para reclamarle que se abstuviese de realizar actividades contra “la seguridad y la estabilidad de Jordania”.

El Gobierno desmintió que estuviese detenido, pero el miembro de la familia real rechazó esta versión. En un vídeo enviado a su abogado en Londres antes de que se le cortara la conexión con Internet y difundido por la BBC en la noche del sábado, Hamzah aseguró que no forma parte de una trama golpista y que se encuentra bajo arresto domiciliario en su residencia de Amán tras una operación de las fuerzas de seguridad para aplastar las voces críticas de Jordania. En la grabación emitida por la cadena británica acusaba a los dirigentes del país de “corrupción, incompetencia y acoso a la disidencia”.

En el vídeo relató también la visita del jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas para informarle de que no podía abandonar su domicilio ni comunicarse o reunirse con otras personas: “Me dijeron, sin acusarme formalmente, que en anteriores encuentros que mantuve o en mensajes en las redes sociales que los describían se habían expresado críticas contra el Gobierno y el rey”.

La reina Noor, última de las cuatro esposas que tuvo el rey Hussein, y madre de Hamzah defendió en Twitter la inocencia de su hijo: “Rezo para que prevalezca la justicia para todas las víctimas inocentes de estas perversas calumnias”. Abdalá fue designado heredero por su padre poco antes de su muerte a causa de un cáncer en 1999. Su tío Hassan, que actuó como regente, había sido hasta entonces primero en la línea de sucesión. A cambio, Abdalá se comprometió a respetar la última voluntad del rey Hussein y nombró a su medio hermano Hamzah como heredero al trono. Cinco años después invocó la tradición de la dinastía hachemí para designar a su primogénito para el puesto.

La reina Noor, nacida en Estados Unidos con el nombre de Lisa Halaby, nunca ocultó la ambición de que su hijo mayor fuera algún día rey, pero la juventud del príncipe considerado como el favorito del rey Hussein, le excluyó hace 22 años del trono en beneficio de su hermanastro mayor Abdalá, bien conectado con las Fuerzas Armadas.

Hamzah había permanecido casi en silencio desde entonces, disfrutando de la cómoda existencia de un miembro de la realeza hachemí, hasta que la pandemia dio un vuelco a Jordania. La crisis económica derivada de los sucesivos confinamientos y toques de queda empobreció aún más a una población azotada por el desempleo desde el inicio, hace una década, de la guerra en la vecina Siria, uno de los principales socios comerciales de Jordania.

Clanes tribales

En este clima de recesión se disparó el descontento entre los clanes tribales beduinos, que controlan los resortes del poder desde la constitución del emirato de Transjordania, hace ahora un siglo, tras la derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial. Hamzah comenzó a asistir en los últimos meses a reuniones con jefes tribales disidentes en las que se lanzaron invectivas contra el desgobierno y la corrupción en el país. Aunque el príncipe permaneció mudo en esos encuentros, las críticas abiertas a Abdalá expresadas en público violaron el tabú de no cuestionar la figura del rey, cuyo papel unificador es esencial en la compleja sociedad jordana, escindida entre beduinos y palestinos; musulmanes y cristianos, y laicos e islamitas, entre otras fallas de fractura.

En la redada contra la presunta tentativa de golpe ha sido arrestado también Bassem Awadallah, quien dirigió entre 2007 y 2008 el Gabinete interno del Palacio Real, un órgano que cuenta con amplios poderes por su cercanía al monarca. Como ministro de Finanzas durante un corto periodo en 2008, fue el impulsor de un polémico programa de reformas económicas y privatizaciones que le granjeó la enemistad de la vieja guardia del poder político y económico en Amán.

Awadallah fue posteriormente designado enviado especial de Jordania en Arabia Saudí, donde llegó a ser después asesor del príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salmán. El Gobierno de Riad fue de los primeros, en la cascada de reacciones en los países vecinos, en expresar su “pleno apoyo al rey Abdalá para preservar la seguridad en Jordania”. Irán y Turquía, entre otros muchos, se sumaron al largo rosario de mensajes de solidaridad diplomática.

También la UE mostró su respaldo al rey Abdalá. El Departamento de Estado de Estados Unidos también hizo público de inmediato el “completo apoyo” al monarca como “aliado clave” en la región. Nadie parece querer convulsiones en la pequeña isla de aparente estabilidad que representa Jordania: un Estado tapón que ejerce como clave de bóveda entre Israel, Siria, Irak, Arabia Saudí y, en suma, de Oriente Próximo.

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