El profesor Richard Robertson se hizo geólogo por el interés que le generó la erupción del volcán La Soufrière, en su natal San Vicente, en 1979. 42 años más tarde, es el hombre que les informa cada día a los ciudadanos de esta isla del sur del Caribe de la actividad de esa montaña, que comenzó a emitir columnas de humo y cenizas el pasado 9 de abril después de un periodo de inactividad de más de cuatro décadas.

Desde el observatorio en San Vicente del Centro de Investigación Sísmica de la Universidad de las Indias Occidentales en Trinidad y Tobago (UWI, por sus siglas en inglés), Robertson le habla a la población de los eventos explosivos acompañados de temblores seguidos de periodos de calma que ha experimentado La Soufrière en las últimas dos semanas y de las medidas de prevención que deben tomar tras la erupción. Hasta el momento, 16.000 personas han sido evacuadas. La ceniza emitida ha teñido de gris la frondosa vegetación de la isla, ha provocado cortes de servicios básicos y ha llegado incluso a las vecinas Barbados, las Granadinas y Santa Lucía. Y Naciones Unidas ha lanzado una petición de fondos de 29,2 millones de dólares para ayudar a los afectados por la erupción en San Vicente y las Granadinas y otros países afectados.

“Como especialista en volcanes, los estudias y quieres verlos en erupción, pero te genera una contradicción porque no quieres ver los efectos nocivos que tiene”, explica Robertson en una entrevista con EL PAÍS. En este caso, el geólogo dice estar orgulloso porque, gracias a las evidencias científicas, pudieron advertir a la población para que evacuara la zona antes de la erupción y por el momento no ha habido que lamentar víctimas mortales.

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Sin embargo, la erupción no ha acabado. Según advierte, podría durar meses y, aunque aún es pronto para hacer recuento de daños, considera que la magnitud de esta erupción será mayor que la de 1979 y más similar que la de 1902, cuando un evento similar arrasó las comunidades que vivían de la industria azucarera en la ladera de la montaña y más de 1.000 personas perdieron la vida hace más de un siglo. La clave en esta ocasión para que no esté siendo mortal, asegura, está en la prevención. “Hay que tener planes y procesos para lidiar con los peligros del volcán. No podemos ignorarlos. Tenemos que monitorizarlo y asegurarnos que entendemos su actividad para poner en marcha los planes. Si lo hacemos, podemos convivir con su majestuosidad”.

Pregunta. ¿Cuál es la situación del volcán en estos momentos?

Respuesta. Ahora mismo el volcán ha entrado en una fase que se caracteriza por largos periodos de inactividad y sismos híbridos. La última explosión fue el 18 de abril de este mes y esa, que empezó muy intensa, parece haber acabado y hemos entrado en un periodo de actividad en la que tienes intensos temblores asociados a la erupción pero sin explosiones. Sin embargo, creemos que se producirán más explosiones en el futuro. El funcionamiento es el siguiente: hay una explosión, un espacio sin actividad, más explosiones y luego un nuevo espacio inactivo. Eso es lo que ha pasado. Ahora mismo estamos en un período sin ellas, pero no nos sorprendería que a corto plazo regresen las explosiones.

pag. ¿Cuál es la diferencia la anterior erupción del volcán, en 1979, y esta?

R. Fue similar y diferente; similar porque también fue un evento explosivo. Las dos empezaron con estallidos del volcán. Pero, en la erupción del 79 las explosiones no fueron tan dinámicas y vigorosas como en este caso. En esta ocasión, empezó con una explosión [el 9 de abril] y siguió con otra al final del día y una más al día siguiente. Desde el viernes [que entró en erupción] a la mañana del domingo, hubo explosiones y emitió ceniza a borbotones. Ese espíritu intenso es lo que le diferencia de la erupción de 1979. Entonces no hubo estos periodos tan intensos de emisión de cenizas y estallidos, sino un gran periodo explosivo de unas dos semanas. Creemos que en esta ocasión, en términos del material que está emitiendo y de la explosividad que ha pulverizado el material volcánico, esta erupción es mayor que la de 1979 y todavía no ha acabado. Creemos que cuando lo haga, la dimensión será probablemente más similar a la erupción de 1902 que fue unas diez veces mayor que la de 1979. No ha terminado todavía, así que aún no sabemos cuánto más grande.

Un hombre mira el panorama desde el balcón de su casa tras la erupción del volcán La Soufrière en San Vicente, el 18 de abril de 2021.ROBERTSON S. HENRY / Reuters

pag. Como dice, el volcán sigue activo, pero ya han pasado más de dos semanas desde que La Soufrière hizo erupción. ¿Se puede hacer un recuento de daños preliminar? ¿Cómo está afectando a la población?

R. El principio de esta erupción fue muy intenso. Y, como las explosiones fueron tan dinámicas y potentes, generaron mucha ceniza, que básicamente son estas partículas de roca fragmentada de la lava que sale del volcán. Y como fueron impulsadas tan alto a la atmósfera y las fumarolas fueron tan intensas y largas se produjo mucha ceniza que después cayó en la tierra. Toda la isla de San Vicente se inundó de ceniza, especialmente en la parte norte [donde está el volcán], pero también en la parte sur hubo cantidades moderadas que hicieron la vida muy difícil por un par de días porque las cenizas afectan todo. Afectaron al suministro de agua, así que hubo cortes, aunque eso está cambiando porque ya lo están arreglando. Pero la ceniza estaba por todos lados y la gente tenía que limpiar, ponerse máscaras. La ceniza afectó también significativamente a Barbados, otra isla al este de San Vicente, algo que para ellos no es común porque no tienen volcán, pero tuvieron que lidiar con sus efectos por la significativa cantidad de cenizas que les llegó, que les obligó a cerrar el aeropuerto. Y, por supuesto, mucha gente tuvo que evacuar la isla por la erupción y muchos están en albergues. Pero en términos de las consecuencias más catastróficas de los volcanes, se pudo evacuar a todo el mundo que vivía al lado de la montaña de manera segura y no ha habido que lamentar daños personales ni muertos. Pero la gente ha tenido que lidiar con las cenizas por las últimas semanas y sus efectos continuos.

pag. Ya han identificado modificaciones en el perfil del volcán. ¿Cómo va a cambiar esta erupción la geografía de la isla?

R. Lo que va a cambiar es la cumbre de la montaña donde está el volcán. En la cima del volcán hay un cráter de aproximadamente un kilómetro de diámetro. Dentro del cráter antes había un domo de roca y entre el 29 de diciembre del año pasado y antes de las explosiones se produjo otra cantidad de rocas, así que había dos domos antes de que empezara la erupción. Cuando esta se produjo, destruyó el que se formó el año pasado y una parte importante del que se creó en la erupción del 79. Así que ahora en la cumbre hay un espacio con un agujero en el cráter. Lo que va a cambiar es la forma y la configuración de la cima. La isla en sí no va a experimentar grandes cambios. Se podrían llegar a formar algunos deltas si se juntan muchas deposiciones del volcán, los ríos se podrían extender.

pag. ¿Y cuál es el pronóstico para las próximas semanas y meses? Entiendo que un evento así no se puede predecir, pero ¿qué esperan que pase?

R. En las próximas semanas o quizás meses podríamos seguir viendo este tipo de eventos explosivos de vez en cuando. Puede haber uno o dos y después un periodo inactivo y luego otro de explosiones, que se podría extender semanas o meses. Creemos que en algún momento, ojalá que en un año o menos, en unos pocos meses, se quede sin vapor, que todo el material que salió, todo el magma, lo agote. Y una vez que pase eso, la erupción debería acabar y la gente va a tener que lidiar con los efectos. Hasta ahora, no hay ninguna indicación de que vaya a parar o que estemos dirigiéndonos al final. Aunque ahora estamos en un periodo de declive de explosiones siempre hay la posibilidad de que salga más material.

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