El final del túnel pandémico ya tiene una fecha en el horizonte: el 18 de agosto, según el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Faltan 100 días, ha dicho este lunes el presidente, para que España alcance la protección ciudadana suficiente para dificultar la circulación del coronavirus. “Estamos a solo 100 días de lograr la inmunidad de grupo, es decir, de lograr el 70% de la población española vacunada y, por tanto, inmunizada”, ha indicado en una visita oficial a Grecia. Ese cálculo situaría el cumplimiento del objetivo en la tercera semana de agosto, concretamente el día 18. Por lo pronto, España ha administrado 19 millones de dosis y tiene al 28% de la población con, al menos, una dosis puesta —el 12,6% de los españoles (casi seis millones de personas) han completado la pauta vacunal—.

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Después de mucho baile semántico con los objetivos de la vacunación —el Gobierno marcaba el gran hito “en verano”, pero no concretaba si al principio o al final—, Sánchez se comprometió a principios de abril a terminar el verano con el 70% de la población inmunizada. Pero el presidente no había concretado una fecha y los contratiempos de los primeros meses en la llegada de vacunas y la amenaza de efectos secundarios que frenasen la estrategia vacunal ponían en jaque cualquier previsión optimista. En las últimas semanas, sin embargo, la vacunación ha cogido velocidad de crucero y, por lo pronto, el primer objetivo del Gobierno, cerrar la primera semana de mayo con cinco millones de personas con la pauta vacunal completa, se ha cumplido. De hecho, en abril se inyectaron más dosis que en todo el primer trimestre de año: 8,33 millones de dosis el último mes frente a 8,04 pinchazos en enero, febrero y marzo. “Estamos empezando a superar esta calamidad”, ha asegurado Sánchez este lunes.

España ya ha completado la pauta vacunal de los ancianos en las residencias y también está punto de culminar la vacunación de los mayores de 80. Las comunidades avanzan ahora con las segundas dosis del grupo de 70 a 79 años y con la primera ronda del colectivo de 60 a 69 años. Según el último informe del Ministerio de Sanidad, el 83,5% de los mayores de 60 años ya tienen al menos una dosis puesta —el 38% ya tiene la pauta vacunal completa—. Algunas comunidades han comenzado, incluso, a administrar ya las vacunas a los menores de 60. “Los datos invitan al optimismo”, ha remachado Sánchez.

Este optimismo no es el que destila la oposición y los presidentes autonómicos, dado que, una vez finalizado el estado de alarma, su capacidad de restringir libertades para contener el virus queda en manos del Tribunal Supremo, que debe aunar los criterios dispares que están emanando de los tribunales territoriales, informa Anabel Díez.

Vacunación en el estadio Wanda Metropolitano de Madrid a finales de abril.
Olmo Calvo

El avance de la inmunización ya tiene su traducción en la curva epidemiológica y en la presión asistencial sobre los hospitales. Según un informe de Sanidad, la efectividad de la vacuna contra la covid en los ancianos de las residencias es del 80% y la inmunización ha evitado un 71% de las hospitalizaciones y un 82% de los fallecimientos. El ministerio, además, ha confirmado que la edad media de los positivos desde la tercera ola, que coincidió con el inicio de la campaña de vacunación, ha bajado de 42 a 40 años y el de los pacientes de las unidades de cuidados intensivos, de 63 a 60.

A pesar de que el ritmo de los pinchazos ha mejorado y, si no hay retrasos en la llegada de las vacunas comprometidas, habrá dosis suficientes para cumplir los objetivos del Gobierno en plazo, quedan todavía varias incógnitas en el aire antes de alcanzar la inmunidad de grupo. Para empezar, el papel de las nuevas variantes que van surgiendo: en España, la británica —más contagiosa, pero sensible a las vacunas— ha ocupado el nicho ecológico, pero la elevada transmisión del virus en el mundo ha provocado la aparición de nuevas variantes que amenazan con sortear los efectos de la vacuna. “Las vacunas parece que están protegiendo de las variantes, por inmunidad humoral y celular. Pero aparte de vacunar rápido aquí, no hay que olvidar vacunar al resto de mundo, para que no vengan nuevas variantes que nos den una sorpresa”, avisa Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología.

Falta por saber, además, cuál será el porcentaje global de negativas a la vacunación. Aunque no parece muy alto en España —el 82,5% de los españoles estaría dispuesto a vacunarse cuando llegue su turno, según el último barómetro del CIS—, los vaivenes con la vacuna de AstraZeneca y la asociación del pinchazo con la aparición muy poco frecuente de episodios trombóticos ha generado reticencias respecto a esta marca. También la farmacéutica Janssen decidió paralizar la distribución de su vacuna mientras las agencias reguladoras de Estados Unidos y la Unión Europea investigaban el vínculo con raros casos de trombos. Tanto con Janssen como con AstraZeneca, la Agencia Europea del Medicamento (EMA en sus siglas en inglés), resolvió que, si bien podía haber una asociación muy poco frecuente con episodios trombóticos, los beneficios seguían superando a los riesgos. Pero el temor de la población no se ha marchado. “La gente tiene mucho miedo y viene con muchos nervios. Parte de nuestro trabajo es explicarlo todo y calmarlos”, señalaba hace unos días a EL PAÍS la auxiliar de enfermería Tania Sánchez, que participa en la campaña de inmunización en el vacunódromo de La Farga de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona).

López Hoyos asegura que la tasa de negativas no es preocupante en España, pero reclama no bajar la guardia. “Lo importante es vacunar y que no aumente la incidencia. Al ver que se anuncia la inmunidad de grupo y se levanta el estado de alarma, la gente puede relajarse y esto no debe pasar”, alerta el inmunólogo. De hecho, ni siquiera hay consenso sobre el umbral necesario para lograr la inmunidad de grupo: “Esto se basa en función de la tasa de reproducción (Rt) y de la infectividad del virus. En sarampión necesitas tener vacunado a más del 90%. En covid dicen que el 70% o el 80%. Lo iremos viendo en función de cómo vaya la tasa de infectados y la incidencia”. López Hoyos insiste, en cualquier caso, en que no se puede dar nada por hecho. “De aquí a agosto no sabemos si cosas como las que han ocurrido este fin de semana [las aglomeraciones en las calles] tendrán un efecto en el aumento de la incidencia. También hay que ver que no haya problemas en la cadena de producción. Y, además, ya hay quien pregunta que, al entrar en período vacacional, dónde se pondrá la segunda dosis: la gente se vacunará cuando le toque donde le toque. No es el momento de adecuar el calendario vacunal a las vacaciones”.

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