A los 25 años, unos meses después de hacer un Mundial formidable con España, Virginia Torrecilla (Cala Millor, Mallorca; 1994) se llevó el mayor palo de su vida. En mayo de 2020 se tuvo que operar de un tumor en la cabeza y después se sometió a radioterapia y quimioterapia. El tratamiento contra el cáncer la dejó agotada. La centrocampista del Atlético, que antes pesaba 63 kilos, está en 48. “Tengo unas piernas que parecen brazos”, bromea. Tras la cirugía, con la cabeza vendada por los puntos de sutura, Torrecilla hizo público que sufría la enfermedad y evitó hacer de ella un tabú. Desde entonces ha ido contando en las redes sociales su evolución: la pérdida de pelo, su estado de ánimo, las ganas de volver a patear el balón, su recuperación.

A principios de marzo terminó el tratamiento, pero tuvo que volver a ser ingresada en el hospital porque sus defensas estaban bajas. “Pensé que no se acabaría nunca”, dice. Ahora está sana, sin rastro de la enfermedad. En una entrevista con EL PAÍS este miércoles, Torrecilla relata lo dura que fue la quimioterapia y cómo sufrió por su familia.

Pregunta. ¿Qué tal está tras diez meses de enfermedad?

Respuesta. Me voy encontrando mucho mejor. El lunes hizo un mes de la última [sesión de] quimioterapia. Voy para arriba, estoy comiendo mejor y con muchas ganas de volver al terreno y tocar el balón, que es lo que más echo de menos.

pag. ¿Sigue entrenando en el gimnasio?

R. Sí, pero ahora estoy de minivacaciones en casa para poder recuperarme porque he adelgazado mucho. Tienen que subirme un poco más las defensas porque llevaba mucho tiempo con la quimioterapia.

pag. ¿Cómo cambió su día a día con la enfermedad?

R. Cambió mucho. A pesar de hacer radioterapia, yo entrenaba, estaba bien, estaba fuerte, corría… Pero con la quimioterapia, ni el deporte se hizo ameno. Lo dejé porque me dejaba muy cansada. Ha sido un proceso corto, siete meses de quimioterapia, pero muy intensos. Noto que voy mejor cada día, pero durante estos dos últimos meses he estado bastante mal.

pag. Durante cinco meses combinó quimioterapia y deporte.

R. Sí, podía hacerlo perfectamente dos días a la semana. Pero al final, cuando ya llevaba diez o doce quimios, mi médula ya lo notaba, me costaba recuperar. Yo siempre hacía [ejercicios de] fuerza para seguir teniendo músculo, pero hubo un momento en el que mi cuerpo ya no reaccionaba porque estaba cansada. Los últimos dos meses dejé de hacer deporte. Ya no podía correr, no iba a la ciudad deportiva con mis compañeras. Perdí demasiados kilos para hacer lo mismo de antes.

pag. ¿Cuánto peso perdió?

R. No me veis porque visto ancho, pero he perdido muchos kilos, casi 15. Y lo primero que se va es el músculo. Lo que quiero ahora es alimentarme bien porque durante la quimio no lo hacía. Cuando la acabé me costaba mucho comer. Poco a poco voy cogiendo kilos. La última vez que me pesé estaba en 48, y normalmente estoy en 63. Tengo unas piernas que realmente parecen brazos.

pag. ¿Le ayudó el deporte a desconectar? ¿Funcionó como catarsis?

R. Para mí el deporte ha sido mi salvación. Los médicos también me decían que el deporte hacía que mi cuerpo estuviera mejor. Lo intenté hasta que no pude más [por la quimioterapia]. Me liberaba de todo.

pag. ¿Tocaba balón para no perder el toque?

R. Sí, cuando iba a pasear con mi madre y Silvia Meseguer [compañera de equipo] iba con el balón y dábamos pases. Siempre he estado con el balón, en casa, dando toques…

pag. ¿Qué fue lo que más la ayudó? ¿A qué se agarró?

R. Lo que más fue mi familia, mis seres queridos, mis amigos, la gente que me ha escrito contándome sus vivencias, que todo había salido bien. Eso me hizo sacar fuerzas para seguir adelante.

pag. Tras la operación, contó que sufría cáncer y evitó hacer de él un tabú.

R. No me acuerdo si antes tenía claro que quería contarlo, lo que sí sé es que cuando me operé fue lo primero que hice. Fue decir: “tengo que contarlo, tengo que hacerlo público porque soy una persona pública y el día de mañana mi club va a hacerlo público”. No quería que se enterasen por una carta del Atlético. Tenía que contarlo a mis seguidores, a todas las personas que me querían y es lo mejor que hice.

pag. Siempre mandó un mensaje de optimismo, de que iba a salir de esa.

R. Por supuesto. Cuatro días antes de la operación estaba corriendo en la cinta y haciendo todo normal, y me encuentro diez días después recién operada. Lo único que quería decir era que no sabemos lo que puede pasar mañana, que disfrutaran y que claro que se sale de situaciones difíciles con optimismo y con la gente que te quiere alrededor.

pag. ¿Ha descubierto algo que antes no hacía?

R. Me he aficionado mucho a leer, ya leía mucho, pero más con tanto tiempo libre. Y también a escribir. Me gusta mucho. Era algo que solo hacía cuando estaba mal y ahora lo hago más a menudo.

pag. ¿Qué ha leído?

R. Estoy leyendo bastante, pero sigo mucho a gente que ha pasado un cáncer, como Sara Carbonero o Dani Rovira. Me siento identificada con ellos porque siempre dicen cosas de vivir, de aprovechar la vida. Eso es lo que más me ha tocado a mí.

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Torrecilla se operó del tumor sin decírselo a su hermana mayor, Isabel, que estaba embarazada e iba a dar a luz en un mes. Se fue con sus padres a Pamplona para la cirugía. Cuando ella la llamó, le contó que se iba a tratar del ligamento cruzado. Su hermana se asustó, le preguntó por qué le habían mentido diciendo que estaban en la casa de campo de la familia, pero al final se quedó tranquila. Tras la operación, Isabel volvió a llamar, vio la venda en la cabeza y empezó a llorar a lágrima viva. Virginia le explicó entonces lo que pasaba: la habían operado de un tumor cerebral, no sabía si tenía algo más, pero se encontraba bien. “Se puso fatal, decía que prefería saber la verdad. ¡Un jaleo! Pero no podía decírselo, era su primer embarazo y lo hubiera pasado muy mal”.

pag. ¿Lo peor fue ver a su familia sufrir?

R. Siempre digo que han sufrido más mis padres y mi familia que yo. Uno de los momentos más duros fue cuando se lo dije a mi madre y se fue a casa a contárselo a mi padre. Y, sobre todo, cuando vinieron al hospital y estaba en la cama ingresada y empezaron a llorar. Les dije que estaba bien, que no se preocuparan, que solo tenía dolor de cabeza y que el lunes me operaban. Fue muy duro. Los veía llorar y yo no lloraba por ellos, pero ganas no me faltaban.

pag. ¿Qué le diría a una persona que pasa por lo mismo?

R. Le diría que lo cogiese con optimismo, que se rodeara de gente buena, de gente positiva y de gente que la quiere. Mis amigos han estado, pero mi familia está por encima de todo. Gracias a mis padres, hermanos, primos y tíos he salido de esta.

pag. ¿Ha sido capaz de ver fútbol?

R. ¡He visto más fútbol que antes! Tenía más tiempo y veía casi todos los partidos. Ahí sí que veía los errores que cometía mi equipo. Cuando estás dentro no lo notas, pero cuando estás fuera sí. Creo que he aprendido mucho. Esta enfermedad me ha enseñado muchísimas cosas y me tengo que quedar con lo positivo.

pag. ¿Cuándo volveremos a verla jugar? Su equipo, con la temporada dura que lleva, la espera como agua de mayo.

R. Está siendo una temporada muy complicada para el Atlético, pero hemos tenido muchísimas lesiones. Nos vamos recuperando. Yo he pasado una enfermedad de muchos meses, sin realmente entrenar. Llevo nueve meses sin pisar un campo, sin jugar un partido, así que tengo que ir poco a poco, recuperarme y pensar en la temporada que viene. Ojalá pudiese debutar ya, pero tengo que mirar por mí, por las lesiones y recuperarme para estar lo mejor posible, que es lo que importa.

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