Ir al psicólogo ya no es cosa de otros: así ha cambiado la salud mental en Canarias

Hasta no hace mucho tiempo, decir en voz alta que se iba al psicólogo generaba cierto pudor e incluso verguenza. Hoy esos estigmas se han normalizado en las consultas, en las redes sociales y también en las sobremesas familiares. Cada vez más personas entienden que cuidar la mente tiene la misma importancia que cuidar el cuerpo, y que pedir ayuda no es una muestra de debilidad, sino de responsabilidad con uno mismo. En Canarias, ese cambio de mentalidad convive con una circunstancia muy concreta, el de la insularidad que ,durante años ,ha complicado el acceso a determinados especialistas según la isla, el municipio o incluso la época del año.
El acceso ya no depende de la isla en la que se viva
Durante mucho tiempo, encontrar un profesional disponible cerca de casa dependía de factores que el paciente no podía controlar: si vivía en una isla capitalina o menor, si el municipio contaba con especialistas suficientes, o si las listas de espera se alargaban por la alta demanda estacional ligada al turismo. Ese obstáculo se ha reducido de forma notable gracias a la Consulta de Psicología Online, un formato que permite mantener sesiones por videollamada con la misma rigurosidad clínica que una cita presencial. Así, una persona que reside en un municipio con poca oferta sanitaria puede acceder a un profesional cualificado sin depender de desplazamientos largos ni de la disponibilidad del transporte insular.
Terapia a través de una pantalla, con el mismo rigor
Conviene aclarar algo: la psicología online no es una versión reducida de la terapia tradicional. El formato cambia, pero el método, la evaluación y el seguimiento del paciente se mantienen intactos. De hecho, para muchas personas resulta más cómodo abrir esa primera conversación desde un espacio conocido, sin la exposición que supone acudir físicamente a una sala de espera compartida con otros pacientes.
Centros como Canarias Psicología trabajan bajo esta premisa, combinando atención presencial en distintos puntos del archipiélago con consultas online dirigidas a adultos, adolescentes y también a población infantil, un colectivo que requiere un abordaje especialmente cuidadoso y que, con frecuencia, se beneficia de un entorno familiar durante la sesión.
Fuente: Unsplash
Señales que conviene no minimizar
No hace falta atravesar una crisis grave para justificar una consulta. Cambios sostenidos en el sueño o el apetito, irritabilidad que no remite, dificultad para concentrarse, o una sensación de agotamiento que no mejora con el descanso son motivos suficientes para pedir orientación profesional. Tampoco existe una edad mínima ni máxima: la ansiedad ante los exámenes en la adolescencia, el estrés laboral en la etapa adulta o el duelo tras una pérdida en la vejez son situaciones distintas que comparten un mismo punto de partida, que es reconocer que algo no marcha bien y que hablarlo con alguien preparado puede marcar la diferencia. Cuanto antes se identifica esa señal, más sencillo suele resultar el proceso posterior, ya que muchos malestares se cronifican precisamente por la tendencia a posponer la consulta hasta que la situación se vuelve insostenible.
Una realidad que las islas conocen bien
Según explican desde el propio centro, sus profesionales trabajan con un conocimiento directo de circunstancias que son propias del archipiélago: la insularidad, la movilidad limitada entre municipios, la dependencia del sector turístico y sus variaciones estacionales, o las dinámicas familiares y sociales que difieren de las del resto del país. Esa cercanía con el contexto local no es un dato menor a la hora de elegir a quién contar lo que a uno le preocupa.
Entender el entorno del paciente, más allá del síntoma que presenta, suele traducirse en un acompañamiento más ajustado a su vida real, algo que cualquier persona que haya pasado por terapia sabe valorar. Además, esa lectura del contexto isleño ayuda a distinguir el malestar puntual, ligado por ejemplo a la presión de una temporada laboral intensa, de un cuadro que requiere un abordaje más prolongado en el tiempo.
Pedir ayuda como parte del cuidado personal, no como último recurso
Es evidente que lo que ha cambiado no es solo el acceso a los profesionales, sino la forma en que la sociedad entiende la salud mental. Ya no se trata de esperar a tocar fondo para buscar apoyo, sino de incorporar el seguimiento psicológico como una herramienta más dentro del cuidado personal, igual que ocurre con una revisión médica periódica. Esa normalización es, probablemente, el mayor avance de los últimos años en este terreno.
Y es que en un territorio fragmentado como Canarias, que la distancia entre islas haya dejado de ser una barrera para recibir esa ayuda es, sin duda, una buena noticia para quienes durante mucho tiempo no supieron a quién acudir. Por esa razón, pedir cita ya no depende de vencer el estigma ni de resolver la logística del transporte interinsular, sino simplemente de tomar la decisión de empezar.

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